sábado, 18 de octubre de 2014

La pelea por el área verde

No se parecen a las organizaciones ecologistas tradicionales ni apoyan grandes causas. Son pequeños grupos de vecinos en distintas comunas que se han unido para defender espacios naturales o recuperar terrenos baldíos. No es sólo una pose, y hay algunos que están dispuestos incluso a tomarse sitios privados o públicos con tal de cumplir el sueño del metro cuadrado a la vista.

Por Tania Opazo y José Miguel Jaque

El viernes 10 de octubre la Red Ambiental que agrupa a organizaciones sociales de varias comunas de la Región Metropolitana celebró su aniversario. Eligieron como escenario el ex vertedero Lo Errázuriz, en Estación Central, un terreno de 40 hectáreas al que por casi 30 años llegaba la basura de otras 21 comunas.

La anfitriona, María Cruz Contreras, es una mujer de armas tomar. Llegó a esa zona a los 17 años desde Padre Las Casas, en la Novena Región, durante la década de los 60. En ese momento recién se estaban loteando los terrenos. Levantó su casa con lo que había y el vertedero -donde antes habían pozos de ripio- era como el patio de su casa. En los 80 el lugar se convirtió en un centro de escombros y, más tarde, de promesas: un desfile de autoridades anunció que sería el gran pulmón verde de la Región Metropolitana. Hasta que María y los vecinos se cansaron de esperar que eso se cumpliera y desde mediados de los 90 paulatinamente empezaron a tomarse 10 de las 30 héctareas que hoy pertenecen al Gobierno regional para convertirlas en un parque que tiene pasto, jardineras, un vivero, árboles, una pista de bicicross de césped y una huerta. Un lujo, pero que no cuenta con permisos sanitarios ni se sabe si es seguro para la salud de las personas, dado que alojaba un basural.

“El terreno no es mío, pero todo lo que está ahí lo plantamos los vecinos. ¿Si tenemos permiso? Y quién me tiene que dar permiso para plantar un árbol...”, alega María, quien, además, bautizó el lugar con el nombre que tenía siglos atrás: bosque Chuchunco.

La Red Ambiental es una de las agrupaciones que pelean por acceder o proteger áreas verdes en la zona urbana de Santiago. Un fenómeno que tuvo uno de sus primeros capítulos públicos hace cerca de 15 años, cuando los vecinos del Parque Intercomunal de La Reina se agruparon para impedir la instalación de locales comerciales y la continuación de la calle Vicente Pérez Rosales que hoy lo cruza. Eran otros tiempos, cuenta Elizabeth Armstrong, ex concejala de La Reina y una de las fundadoras del Comité de Defensa del Parque Intercomunal, creado en 1997. El correo electrónico no era masivo, no había Facebook para difundir ni WhatsApp para coordinarse. “Nos llamábamos al teléfono de la casa nomás”, dice. “Contactarse y acceder a la información era muy difícil. De repente se modificaban los planos reguladores y nadie se enteraba. La sociedad civil no estaba tan empoderada como ahora”, agrega.

Desde entonces este tipo de agrupaciones han crecido. Es difícil decir cuántas porque varias no están constituidas legalmente ni son una organización. Algunas son simplemente vecinos coordinados, aunque otras para legitimarse han tramitado la personalidad jurídica. Forman parte del movimiento que en inglés se llama Not In My Back Yard (No en mi patio trasero): no son grandes organizaciones -como Greenpeace- y no defienden grandes causas -como la lucha contra el calentamiento global-, pero conocen reglamentos, leyes y llegan hasta la autoridad. Una señal de desarrollo, dice Pablo Allard, Decano de la Facultad de Arquitectura y Arte de la U. del Desarollo y Máster en Diseño Urbano de la U. de Harvard: “Los ciudadanos no se están preocupando sólo de lo que pasa de la reja hacia adentro de sus viviendas, sino hacia afuera y de que la calidad de vida también tiene que ver con el espacio que compartimos”.

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