sábado, 2 de agosto de 2014

Arriba del mapa

Andrés Amaro lleva casi 10 años confeccionando mapas de senderismo en algunos de los destinos de naturaleza más importantes de Chile. Para este ingeniero forestal y montañista, todo se trata de trabajar por la conservación de nuestra biodiversidad.

Por Tania Opazo

Fue el primer mapa. El Circuito Cóndores, en la Región del Maule, que comprende el Parque Nacional Siete Tazas, la Reserva Nacional Altos del Lircay, el Parque Tricahue, Vilches y Armerillo. Un terreno que Andrés Amaro (34) conocía muy bien desde su infancia, porque creció en la localidad de San Clemente, en la precordillera de Talca. Sin embargo, luego de varios días explorando el volcán Descabezado Chico, al regresar a su carpa se encontró con una sorpresa: su celular no estaba. Más que rabia, sintió alivio porque el ladrón -a juzgar por las huellas del caballo, un arriero- no se había llevado su saco de dormir, mucho más caro que su teléfono. “Fue fome, pero no me puedo enojar mucho con los arrieros porque siempre me regalan charqui”, cuenta con tranquilidad Andrés.

A primera vista, no parece un “montañista” (si es que existe un estereotipo de cómo debería verse uno). Es muy tranquilo, silencioso, alto, delgado y con lentes. Actualmente trabaja en la Unidad de Gestión Ambiental de la Municipalidad de San Clemente y sus amigos y compañeros de trabajo lo molestan con que va a “bolsearle” almuerzo a sus papás. Él sólo se ríe. En 2006, cuando terminaba sus estudios de Ingeniería Forestal en la Universidad Católica del Maule, ya sabía que lo suyo no iba por la explotación del bosque. “Mis intenciones siempre fueron estar dedicado a la conservación de biodiversidad, de la flora y la fauna. Así llegué a administrar el Parque Tricahue, acá en el Maule, una iniciativa privada de cinco mil hectáreas que debe tener unos ocho años ya”.

Allí, Andrés apoyó la planificación, la gestión y se dedicó a levantar información sobre el lugar haciendo varios muestreos. Dice que una de las mejores cosas de ese trabajo, además de poder recorrer ese hermoso lugar todos los días, fue que estuvo en contacto con investigadores de universidades, expertos en hongos, flora, y aves, gente de la Fundación Sendero de Chile, muchas personas que lo hicieron adentrarse aún más en los temas de protección ambiental.

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