sábado, 16 de agosto de 2014

La crisis del Everest

En abril de este año, 16 nepalíes murieron por una avalancha que cayó en una de las zonas más peligrosas del famoso monte, el glaciar Khumbu. Llegar a la cima de la montaña más alta del mundo sigue siendo un sueño para miles de personas, pero los cuestionamientos a la seguridad y el exceso de turistas son cada vez más fuertes. “Simplemente el Everest se prostituyó”, dice Cristián García Huidobro, el primer chileno en llegar a su cumbre.

Por Tania Opazo

“ALGUNOS lo sintieron más cerca, otros más lejos. Siempre que me preguntan qué tan cerca estuve, digo ‘yo corrí’”. A las 6.45 de la mañana del viernes 18 de abril, el economista Patricio Rojas estaba en la ruta que lleva desde el campamento base del Everest al campamento 1. El grupo, liderado por Eugenio Guzmán, director del Instituto Vertical, se devolvía al campamento base luego de haber perdido contacto con otra parte del equipo. En ese instante, unos 250 metros más adelante en línea recta, un gigantesco trozo de glaciar se desprendió y cayó en la llamada Cascada de hielo del Khumbu, matando a 16 personas y dejando nueve heridos. Era la tragedia con más bajas en la historia del Everest.

Los cuestionamientos a la seguridad, las condiciones de la montaña y la cantidad de personas que cada año la visitan surgieron inmediatamente. Aunque la temporada no fue cerrada oficialmente por el gobierno nepalés, la tragedia y posterior “huelga” de los sherpas que exigían mejores condiciones laborales terminaron aguando las pretensiones de la mayoría de las expediciones, que fueron progresivamente dejando el lugar, incluyendo al grupo de Vertical, con Rodrigo Jordán a la cabeza.

El aumento de turistas que visita anualmente el monte más alto del mundo (8.848 m) no deja de ser impresionante tomando en consideración los costos (unos 80 mil dólares incluyendo permisos, guías, alimentación, pasajes y equipamiento) y los desafíos físicos, técnicos y mentales que exige. A la fecha, la cumbre del Everest ha sido alcanzada casi siete mil veces, sin contar a las muchas personas que la han escalado sin llegar a la cima.

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sábado, 2 de agosto de 2014

Arriba del mapa

Andrés Amaro lleva casi 10 años confeccionando mapas de senderismo en algunos de los destinos de naturaleza más importantes de Chile. Para este ingeniero forestal y montañista, todo se trata de trabajar por la conservación de nuestra biodiversidad.

Por Tania Opazo

Fue el primer mapa. El Circuito Cóndores, en la Región del Maule, que comprende el Parque Nacional Siete Tazas, la Reserva Nacional Altos del Lircay, el Parque Tricahue, Vilches y Armerillo. Un terreno que Andrés Amaro (34) conocía muy bien desde su infancia, porque creció en la localidad de San Clemente, en la precordillera de Talca. Sin embargo, luego de varios días explorando el volcán Descabezado Chico, al regresar a su carpa se encontró con una sorpresa: su celular no estaba. Más que rabia, sintió alivio porque el ladrón -a juzgar por las huellas del caballo, un arriero- no se había llevado su saco de dormir, mucho más caro que su teléfono. “Fue fome, pero no me puedo enojar mucho con los arrieros porque siempre me regalan charqui”, cuenta con tranquilidad Andrés.

A primera vista, no parece un “montañista” (si es que existe un estereotipo de cómo debería verse uno). Es muy tranquilo, silencioso, alto, delgado y con lentes. Actualmente trabaja en la Unidad de Gestión Ambiental de la Municipalidad de San Clemente y sus amigos y compañeros de trabajo lo molestan con que va a “bolsearle” almuerzo a sus papás. Él sólo se ríe. En 2006, cuando terminaba sus estudios de Ingeniería Forestal en la Universidad Católica del Maule, ya sabía que lo suyo no iba por la explotación del bosque. “Mis intenciones siempre fueron estar dedicado a la conservación de biodiversidad, de la flora y la fauna. Así llegué a administrar el Parque Tricahue, acá en el Maule, una iniciativa privada de cinco mil hectáreas que debe tener unos ocho años ya”.

Allí, Andrés apoyó la planificación, la gestión y se dedicó a levantar información sobre el lugar haciendo varios muestreos. Dice que una de las mejores cosas de ese trabajo, además de poder recorrer ese hermoso lugar todos los días, fue que estuvo en contacto con investigadores de universidades, expertos en hongos, flora, y aves, gente de la Fundación Sendero de Chile, muchas personas que lo hicieron adentrarse aún más en los temas de protección ambiental.

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