sábado, 10 de mayo de 2014

Joanna Moncrieff:La enemiga de los antidepresivos

La académica británica, que se ha dedicado a investigar el uso de las drogas utilizadas en tratamientos siquiátricos, no está convencida de que estos fármacos curen desbalances químicos y sí cree que pueden tener efectos muy nocivos, por lo que tiene una cruzada en su contra.

Por Tania Opazo

HOY EN DÍA tomar un remedio cuando estamos deprimidos parece bastante normal. Según la compañía IMS Health Chile, el año pasado los chilenos consumieron casi 11 millones de fármacos como antidepresivos, antisicóticos y benzodiazepinas para tratar problemas sicológicos. Una tendencia al alza, que se viene dando en varios países desde hace décadas.

Por esto, mientras estudiaba siquiatría en la Universidad de Newcastle en los años 90, Joanna Moncrieff se interesó en la forma en que los médicos trataban los trastornos comúnmente denominados como “enfermedades mentales”. No le gustó lo que vio, y llegó a la conclusión de que los doctores, las organizaciones médicas, los medios y en particular las compañías farmacéuticas han convencido al público de que enfermedades como la depresión, la esquizofrenia, el déficit atencional y el trastorno bipolar son producto de una anomalía a nivel cerebral que puede ser tratada y mejorada a través de drogas específicas, es decir, que los sicofármacos curan algo que está funcionando mal a nivel biológico, en el cuerpo. Es lo que ella llama el modelo centrado en la enfermedad. “A veces se dice que es un desequilibrio químico, otras veces que son redes neuronales anormales, pero se trata de la misma idea: que los medicamentos ayudan a normalizar o regular el cuerpo de alguna manera”, explica la siquiatra. Sin embargo, según ella, “la evidencia al respecto no es en ningún caso concluyente”.

La profesora del University College de Londres (UCL) se ha dedicado a divulgar otro punto de vista, que ella ha llamado “el modelo centrado en las drogas” que sostiene que estos remedios no revierten un problema biológico, sino que sólo enmascaran los trastornos siquiátricos, muchas veces con un costo alto: “Estos fármacos son un tipo especial de droga, porque afectan al cerebro y nuestras formas habituales de pensar y de sentir. No ayudan a ‘normalizar’, sino que las propias drogas crean un nuevo estado anormal, que se superpone al original, pero anormal al fin y al cabo”.

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