sábado, 17 de mayo de 2014

El otro México de Guanajuato

Ciudades Patrimonio de la Humanidad y “pueblos mágicos” son parte de la oferta de Guanajuato, catalogado como el destino cultural de México. Mucha historia, arte y gastronomía diversa hacen de este estado, ubicado al norte de Ciudad de México, un complemento perfecto para sus vacaciones a Cancún o Playa del Carmen.

Por Tania Opazo

SE TAPAN los ojos. Ponen cara de asco. De miedo. Algunos simplemente optan por salir. Son los turistas extranjeros que visitan el Museo de las Momias de Guanajuato. A su alrededor, son muchísimos los mexicanos que hacen fila para entrar y observar estas sorprendentes momias, pero sin el terror de los foráneos. Es el atractivo más visitado de la ciudad de Guanajuato, capital del estado del mismo nombre, 375 km al norte de Ciudad de México.

Un niño pequeño mira curioso las momias de la mano de su papá. Ambos son de Guanajuato y hace tiempo que querían visitarlas porque son, dice el papá, “nuestras”. Ciento once cuerpos de mujeres, hombres y niños exhumados entre 1865 y 1989 por una cosa del azar (retiraban los ataúdes de quienes no habían pagado el derecho a perpetuidad) y que se descubrieron estaban momificados. Cuerpos de personas comunes y corrientes. Quizás, reconozcámosles a los extranjeros, sus rostros son particularmente expresivos y las historias que los acompañan, redactadas en primera persona (“Los guías de este museo me dicen ‘La China’, quizás sea por mi vestimenta y rasgos orientales. Por cierto, soy la única que conserva su ataúd original, y eso que soy una de las más antiguas de la colección”) son un poco tétricas y dejan las sensación de que aquellas almas siguen por ahí, gozando con el miedo de sus observadores.

Es que para los mexicanos la muerte tiene un sentido completamente distinto que para el resto. Los aztecas al morir viajaban al inframundo, el Mictlán, donde luego de un largo proceso conseguían el estado más puro del alma. Luego, del cristianismo pagano emergió la figura de la Santa Muerte, que es objeto de culto de los mexicanos y que se celebra el 1 de noviembre, Día de los Muertos, a los que no hay que recordar con tristeza, sino que con alegría y fiesta.

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sábado, 10 de mayo de 2014

Joanna Moncrieff:La enemiga de los antidepresivos

La académica británica, que se ha dedicado a investigar el uso de las drogas utilizadas en tratamientos siquiátricos, no está convencida de que estos fármacos curen desbalances químicos y sí cree que pueden tener efectos muy nocivos, por lo que tiene una cruzada en su contra.

Por Tania Opazo

HOY EN DÍA tomar un remedio cuando estamos deprimidos parece bastante normal. Según la compañía IMS Health Chile, el año pasado los chilenos consumieron casi 11 millones de fármacos como antidepresivos, antisicóticos y benzodiazepinas para tratar problemas sicológicos. Una tendencia al alza, que se viene dando en varios países desde hace décadas.

Por esto, mientras estudiaba siquiatría en la Universidad de Newcastle en los años 90, Joanna Moncrieff se interesó en la forma en que los médicos trataban los trastornos comúnmente denominados como “enfermedades mentales”. No le gustó lo que vio, y llegó a la conclusión de que los doctores, las organizaciones médicas, los medios y en particular las compañías farmacéuticas han convencido al público de que enfermedades como la depresión, la esquizofrenia, el déficit atencional y el trastorno bipolar son producto de una anomalía a nivel cerebral que puede ser tratada y mejorada a través de drogas específicas, es decir, que los sicofármacos curan algo que está funcionando mal a nivel biológico, en el cuerpo. Es lo que ella llama el modelo centrado en la enfermedad. “A veces se dice que es un desequilibrio químico, otras veces que son redes neuronales anormales, pero se trata de la misma idea: que los medicamentos ayudan a normalizar o regular el cuerpo de alguna manera”, explica la siquiatra. Sin embargo, según ella, “la evidencia al respecto no es en ningún caso concluyente”.

La profesora del University College de Londres (UCL) se ha dedicado a divulgar otro punto de vista, que ella ha llamado “el modelo centrado en las drogas” que sostiene que estos remedios no revierten un problema biológico, sino que sólo enmascaran los trastornos siquiátricos, muchas veces con un costo alto: “Estos fármacos son un tipo especial de droga, porque afectan al cerebro y nuestras formas habituales de pensar y de sentir. No ayudan a ‘normalizar’, sino que las propias drogas crean un nuevo estado anormal, que se superpone al original, pero anormal al fin y al cabo”.

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