sábado, 1 de marzo de 2014

Carnaval en Brasil: la fiesta de la calle

Mientras la TV por estos días nos llena de imágenes de los sambódromos de Río de Janeiro y São Paulo, afuera y mucho más allá de las ciudades principales el Carnaval se vive y celebra en las calles, veredas, parques y playas. Porque en Brasil no hay que ver el Carnaval, hay que ser parte de él.

Por Tania Opazo y Alexis de Ponson

ERANI ROCHA, quien trabaja como guía turística en Recife, se instala en uno de los quioscos que se ubican en la costanera de la cuidad, frente a la playa. Nos invita a un agua de coco mientras ella mira cómo baja la marea y, aunque es de noche, la gente aprovecha las piscinas naturales que se forman y se baña. Luego indica a Zoila, una fea muñeca de cerámica que está en la barra, y dice: “Mira, Zoila nos da de beber”. Acto seguido, pone un vaso debajo de la muñeca, que empieza a lanzar cachaza como si estuviera “haciendo pipí”. “¡Zoila nos da caipiriña!”, agrega Erani riendo.


Para los chilenos, medios empaquetados y desconfiados, el brasileño es un espécimen raro y envidiable. ¿Es posible estar siempre, o casi siempre, contento? Erani dice que sí, que esa es la quintaesencia del brasileño. ¿Pero no es sólo ahora porque están en Carnaval? No, explica seria ella. El Carnaval es para celebrar esa alegría, para dar gracias por esa felicidad, y no al revés. En resumen, el Carnaval sería una apología a la alegría de Brasil. Una que, cuando estás dentro, te absorbe rápidamente.

Dado que tiene un fuerte trasfondo religioso, entre el alcohol, el baile, los besos y muchas otras cosas, en esta fiesta se le da gracias a Dios por todo lo bueno, antes de comenzar el período de abstención y recogimiento que significan los 40 días de Cuaresma.

Antes de eso, todo es desenfreno. No sólo en Río de Janeiro o São Paulo. El Carnaval se celebra en todo Brasil con igual intensidad, aunque en distinto tono.

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