sábado, 18 de enero de 2014

La nueva historia de Bahía de Cochinos

Fue un lugar clave para el éxito definitivo de la revolución cubana y hoy se ha transformado en un destino único dentro de Cuba, con algunos de los mejores sitios para bucear en la isla y con un espíritu local que lo diferencia de playas masivas como Varadero. 

Por Tania Opazo

CUATRO latinoamericanas en la playa, apretujadas mirando a una cámara fotográfica que apunta hacia el mar de color turquesa, cantan y casi gritan, sin mucha afinación, la única canción posible de cantar en este lugar: “Compañeros poetas, tomando en cuenta los últimos sucesos en la poesía quisiera preguntar...”. Había que hacerlo: cantar Playa Girón en Playa Girón. Hacer la catarsis. Cerrar el círculo de demasiadas tocatas y fogatas. Y, por supuesto, luego reírse y sonrojarse cuando los curiosos que las rodean aplauden y las felicitan por el “show”.

Es que Silvio Rodríguez, Fidel Castro, el “Che” Guevara y la famosa revolución cubana están grabados en nuestro imaginario colectivo. Cuba-revolución, Cuba-comunismo, Cuba-antiimperio. Y para quienes saben un poco mejor la historia, Bahía de Cochinos y Playa Girón cobran un significado especial: en abril de 1961, tres años después del triunfo de la revolución, fuerzas cubanas en el exilio, financiadas por la CIA, atacaron Playa Girón y Playa Larga, aunque en menos de 65 horas fueron vencidas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), lo que se cataloga como “la victoria final del socialismo contra el imperio”. Una batalla donde el más pequeño le gana al más grande. Lo que, desde la vereda política que se le mire, es una gran historia.


Hoy en la Bahía de Cochinos, ubicada en la costa suroccidental de Cuba, a 165 km de La Habana, todas las armas de guerra y recuerdos de esa época están guardados en el Museo Girón, una apología visual a ese triunfo, llena de ropas, fotos, mapas de ataque e, incluso, tanques y aviones. Eso sería todo. Saliendo de ahí, son alrededor de 35 km de costa, desde Playa Larga hasta Playa Girón, con ese tipo de playas tan perfectas que a uno lo dejan con la boca abierta por un rato. Es difícil imaginarlas como escenario de batalla.

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sábado, 11 de enero de 2014

Tías: las nuevas viajeras

Profesionales, solteras y sin hijos que abocan su cariño y dinero a regalonear a sus sobrinos. Ese es el perfil de las llamadas PANKs (Professional aunt no kids) que el año pasado se consagraron como una tendencia mundial y que para este 2014 se erigen como el nuevo “mercado estrella” del turismo. 

Por Tania Opazo / Ilustración: Rafael Edwards

BEATRIZ Arias tiene 31 años y es relacionadora pública. Luego de un estresante año de trabajo decidió viajar a Isla de Pascua para “desconectarse” y escogió a su sobrino Joaquín, de nueve años, para ser su compañero de viaje. “A Joaquín le gusta investigar de los lugares, se preparó un montón. Yo le regalé una alcancía y juntó plata, con la que después compró muchos souvenirs”, cuenta Beatriz. Recuerda con cariño los nervios de su sobrino cuando, a las 4.30 de la mañana, esperaban subirse a su vuelo, el primero de la vida de Joaquín: “Se portó un siete, de verdad lo pasamos increíble”, agrega.

Esta figura, la de una tía saliendo de vacaciones con su sobrino, se enmarca en el concepto de las llamadas PANKs (tías, profesionales, sin hijos) que progresivamente se ha ido ganando un espacio en la sociedad. El término fue acuñado en 2008 por Melanie Notkin, una exitosa ejecutiva norteamericana y, por supuesto, tía abnegada que se hizo famosa por su sitio Savvy Auntie (http://savvyauntie.com), una web especialmente dedicada a las tías que, teniendo una relación muy estrecha con un sobrino o hijo de algún amigo cercano, se reunían para compartir experiencias y datos de cómo “regalonear” a sus pequeños amigos.

Y es esa la relación que las tías tienen con sus sobrinos: un cariño casi de hijos, pero una relación más bien de amigos, lo que es perfecto para ambas partes. Los niños les confían cosas que no les dicen a sus papás y las tías los “cuidan” con la libertad de no tener una responsabilidad permanente sobre ellos. Una tendencia que está en alza debido a la importante baja en las tasas de natalidad, que en Chile alcanzan un promedio de 1,9 hijos por mujer.

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