sábado, 9 de noviembre de 2013

Salta, para variar

Buenos Aires, Mendoza, Bariloche. Parece ser la permanente trilogía en que se manejan los chilenos que viajan a Argentina. Pero en el norte, casi al frente de Antofagasta, la provincia de Salta tiene varias sorpresas, como la ruta del vino a mayor altura del mundo, hermosas y antiguas formaciones rocosas y una capital con entretenidas peñas y rica gastronomía. 

Por Tania Opazo

SE PODRIA decir que es un cliché, pero tiene algo de cierto. Tras una pila de folletos aparece la frase: “Salta, tan linda que enamora”. Habría que decir que es de a poco, cuando te das cuenta lo amable que es la gente o cuando pruebas esas empanaditas salteñas, de sabor suave, con un poquito de cebollín y huevo molido. Un amor con mucho vino torrontés, asado de tira y hasta con momias incas. Y a esos amores es difícil resistirse.

Quizás uno de los mayores atractivos de la provincia de Salta es su Ruta del Vino, ubicada en los valles Calchaquíes. Para llegar a ella desde Salta (la capital), hay que viajar dos horas y media pasando por pequeños pueblos y un espectáculo más que impresionante. La Quebrada de las Conchas es, desde 1995, una reserva natural protegida en donde se encuentran impresionantes formaciones rocosas de colores rojizos, verdes y muchas tonalidades café, que durante millones de años fueron erosionadas por el agua, creando hermosas figuras.

Los sitios más populares para detenerse y observar son la Garganta del Diablo y el Anfiteatro, aunque hay muchos otros lugares que se advierten en el camino, que es la Ruta Nacional 68. El recorrido está lleno de arqueología e historia, desde huellas de dinosaurios y restos fósiles, hasta la comprobación de que sólo a metros de la actual ruta habría estado el antiguo Camino del Inca. No por nada estos lugares son sagrados para la comunidad indígena “Suri Diaguita Kalchaki”.

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