sábado, 12 de octubre de 2013

Médicos sin marca

Así se llama la agrupación chilena que está empeñada en lograr que los médicos ejerzan una práctica clínica independiente del marketing de los laboratorios a la hora de recetar, investigar y recomendar tratamientos a sus pacientes. El siquiatra Juan Carlos Almonte, uno de los tres fundadores, explica cómo él y otros 56 doctores se hartaron de aceptar muestras médicas, regalos e invitaciones pagadas a congresos en espectaculares destinos. Y por qué otros médicos debieran seguir sus pasos. 

Por Tania Opazo / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Francisca Lacalle / Maquillaje: Marcela Ponce / Agradecimientos: Banana Republic Paula 1132. Sábado 12 de octubre 2013.

Un siquiatra, un ginecólogo o un pediatra chileno pueden recibir, como mínimo, cinco visitas semanales de visitadores médicos que llegan a su consulta con muestras de remedios, libros de regalo e invitaciones pagadas a congresos de su especialidad que suelen realizarse en lugares turísticos como Isla de Pascua, São Paulo o París; invitaciones que, en más de una ocasión, pueden extenderse a la señora del médico e incluir city tour, cenas bailables o entradas a conciertos.

“Son todos incentivos a la prescripción. Lo que se trata de hacer es que el médico prescriba más una marca de remedios que otra”, dice Juan Carlos Almonte (34), siquiatra de la Universidad de Chile, quien, como la mayoría de los doctores chilenos, recibió a los visitadores en su consulta y participó de varios congresos pagados por algún laboratorio, hasta que se cansó de ello y les cerró la puerta. “Tenía una sensación: sabía que algo estaba mal en esta relación de los médicos con la industria”, dice.


En marzo de 2011, Almonte se encontró con un paper en la revista Gaceta de Psiquiatría Universitaria. Se titulaba La industria farmacéutica y su influencia en la práctica clínica, su autor era el siquiatra Pablo Santa Cruz (35) quien había puesto en palabras todo lo que había estado pensando ese tiempo.

Las reuniones entre ellos y los puntos en común fluyeron rápidamente. Se les unió el médico internista Rodrigo Irarrázaval (35), ex compañero de carrera de Santa Cruz. A fines de 2011 tomaron la decisión: “queríamos entrar al debate público. Acá hay una información que es valiosa y que a mucha gente le va a hacer sentido. Este es un tema de relevancia contemporánea” dice Almonte. En marzo de 2012 crearon oficialmente Médicos sin Marca (MSM), agrupación a la que se han suscrito 56 médicos –inscritos con nombre y apellido en su página web– que buscan: “promover un ejercicio clínico responsable, basado en evidencia y libre de las influencias de la propaganda y los incentivos provenientes de la industria farmacéutica y de dispositivos médicos”.

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