viernes, 22 de junio de 2012

Un fútbol descarrilado

El histórico estadio San Eugenio, perteneciente a la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE), cerró el lunes sus puertas al fútbol, luego de que un fallo judicial desalojara a su equipo, el Club Deportivo Ferroviarios, tras 71 años de uso. Un complejo deportivo de alcance patrimonial que parece estar llegando a su fin. (La Hora S&D, 22 de junio 2012)

"Nico, ocupa tus zapatos, no los míos. Tenís la pata más grande y me los vas a agrandar”. Los jóvenes jugadores, que se tratan como hermanos, trotan por la cancha de tierra con varios hoyos y algunas malezas que brotaron fruto de la lluvia, mientras conversan del reality, de la rubia que estaba a la salida del partido el fin de semana y del Richard, que siempre pelea en la cancha y es tan porfiado.

Es el equipo del Club Deportivo Ferroviarios, fundado en 1916 en su estadio, el Hugo Arqueros Rodríguez, más conocido como “San Eugenio” y ubicado en la avenida Ramón Subercaseaux 3060 de Estación Central. Se esfuerzan por seguir su rutina: entrenar de la forma más profesional posible de martes a viernes y jugar fútbol todos los fines de semana en la Tercera B, división donde permanecen hace ya varios. Tratan de continuar normalmente, a pesar de ese plazo fatal que parece acercarse cada día.

El momento llegó el lunes pasado. Escoltados por Carabineros, tuvieron que desalojar el estadio, su estadio, con bolsos, zapatos, copas y pelotas en mano. Una historia triste e injusta que se resume en: una empresa (EFE) en un mal momento económico le delega a su inmobiliaria (Invia) la administración de sus terrenos. Esa inmobiliaria ignora acuerdos de palabra previos, pone en ejecución contratos antiguos y, legalmente, le quita al club su potestad sobre los terrenos del estadio.

Un estadio que Luis Tapia, presidente del club, recorría cabizbajo hace sólo unos días. Un hombre bajito, medio pelado, ferroviario de profesión y corazón, rumiaba todo lo hecho, mostraba papeles, fotos, confirmaba mentalmente que sí se hizo todo lo que se podía hacer, que se pusieron todos los recursos en tribunales, se mandaron cartas a Bachelet, a Piñera, al presidente de EFE, sin conseguir una solución para conservar el estadio. Ese mismo estadio que en 1940 los trabajadores de ferrocarriles levantaron con sus propias manos, en los terrenos donde mucho, mucho antes, se acumulaba el carbón que gastaban las locomotoras a vapor, en la época dorada de EFE.

EL TEATRO DE LOS SUEÑOS
Que ahí jugó Pelé, que ahí entrenó la selección de Brasil para el mundial del 62, que entraban 31 mil espectadores, que tenían un gimnasio de boxeo, que la piscina olímpica se llenaba de niños y que cada fin de semana era una fiesta familiar. Esas son algunas de las cosas que se cuentan del mítico estadio San Eugenio que, sin serlo, ha adquirido para muchos futboleros las características de un “edificio patrimonial”.

Hoy está frío y silencioso. Sus graderías, construidas con durmientes, se ven húmedas y débiles, al borde del derrumbe. El camarín y sus baldosas antiguas no pierden su majestuosidad. Es un escenario donde se mezcla la decadencia con todo lo bello de ese tiempo que pasó y se niega a partir. Escondido en un rincón, en la entrada del estadio, hay un gran cartel amarillo del que sólo queda la mitad y dice: “Estadio San... Club Depo... Ferroviarios... EFE”.

Para Sebastián Garrido, preparador físico de Ferroviarios, estas condiciones son lo menos importante: “los chiquillos son felices entrenando acá, les da pena irse porque entienden que este lugar es histórico”, comentaba mientras los recibía para sus ejercicios. Su joven entrenador, Jorge Guzmán, agrega que en Tercera B hay pocas opciones: o aceptar esa cancha o simplemente no tener una. Como todos en Ferroviarios, el gran miedo de salir del estadio San Eugenio es que lo transformen en un mall o una población: “más allá de que podamos entrenar nosotros, este estadio no se puede botar, es un tema de respeto a lo que representa Ferroviarios en el fútbol chileno”, dice.

Y es que toda la gente le tiene buena a Ferro, incluso sin ser hinchas. Lo dice Rodrígo Díaz de 22 años, volante del equipo que se ha sorprendido con el apoyo de la gente: “este es un equipo acogedor y, en el fondo, nos están echando de nuestra casa. Cuando ves que la gente del barrio viene a apoyarte, a veces viejitos, que en el Facebook postea mucha gente de distintos lugares de Chile, te das cuenta de que eres parte de algo importante”, reflexiona.

Algún jugador lo bautizó hace algunos años como el “Teatro de los sueños”, como el del Manchester United; pero no es una broma cruel, porque para ellos es un lugar en donde pueden comenzar a cumplir sus sueños. Al menos así lo cree Gabriel Lagos, utilero del equipo, quien se pasea entre las toallas colgadas y el estruendoso reggaetón del camarín buscando las poleras sucias para lavarlas, mientras cuenta que su abuelo y su padre trabajaron en EFE, así que es parte de la familia ferroviaria desde que nació.

Aún recuerda los largos paseos en tren hasta Talagante y otras ciudades del sur, para ver jugar a Ferro con su papá. Lleva siempre en su bolsillo su inhalador (es asmático) y en las tardes hace trabajos de pintura y carpintería para juntar la plata del mes, pero su trabajo en Ferro no lo deja por nada: estuvo en el 64 -cuando estaban en Primera División- y dice que los acompañará hasta el final, con o sin estadio. “Uno ha estado toda la vida aquí, trabajando, apoyando al club, sacando la cara por EFE. Que nos quiten el estadio es como lo último, como que uno se muere”, sentencia con tristeza.

LA RESISTENCIA
Atrás del estadio San Eugenio se ubica el Club de Tenis Ferroviario, existente desde el año 1937. Ellos también están demandados por la inmobiliaria de EFE y se están defendiendo en tribunales, como explica su presidente Juan Gatica: “quieren sanear todo este terreno completo, como paquete, y que salgamos todos, para hacer un negocio global. Ya no hay terrenos tan grandes como este en Santiago y quieren ponernos el pie encima”.

Pero don Juan y sus cien socios no dan su brazo a torcer, más allá de lo sucedido con el club de fútbol. Ellos han desarrollado un trabajo especial integrando a los niños de la población El Riel, para que practiquen deporte, y también a minusválidos como Víctor Riquelme, ex jinete que hoy recibe clases gratis en las canchas de Ferroviarios. Ellos y las canchas de hockey arrendadas por la Universidad de Santiago son lo que queda pendiente del terreno.

Mientras tanto, el equipo de fútbol cierra la puerta por fuera. 25 jugadores inscritos, seis en el cuerpo técnico, los 160 socios, sin casa, sin estadio. “Tratamos de que el Gobierno incluyera a San Eugenio en su política de restauración de estadios, porque es un complejo deportivo pensado para la comunidad, es más que un estadio, pero no se nos escuchó”, se lamenta Luis Tapia.

Ferroviarios, por su parte, jugará de local en el estadio de Pudahuel, mientras espera que la ANFA autorice el estadio de Los Nogales (Estación Central) como su nuevo recinto de local. “Vamos a seguir adelante no más, porque 96 años no son en vano. La familia ferroviaria es muy grande y nos vamos a apoyar”, dice el presidente del club.

La inmobiliaria ha comunicado que el terreno seguirá siendo estadio y lo van a remodelar, pero muchas historias como ésta se han contado, muy pocas con un final feliz.

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