miércoles, 15 de septiembre de 2010

Mi vida con Mario


Debo haber tenido nueve, diez años. Metíamos el cassette y empezaba el ruido, insoportable, la verdad: “tuuuu, tuuuu”. Como si estuviéramos llamando a un teléfono muy lejos, nuestro (mío y de mi hermano) juego de Donkey Kong se cargaba en el Atari.


Se demoraba una eternidad, y eso que en el 65-XL tenía una cosa “turbo” con la que, se supone, el juego se cargaba más rápido. Y pensar que hoy una página de internet se demora un par de segundos más y uno se vuelve loco. En esa época podíamos ir a tomar once mientras el juego se cargaba.

Entonces Donkey lanzaba barriles por la rampa y el salvador de la princesa (que tenía un globito que decía “Help! Help!”) los saltaba. No me acuerdo cómo lucía el héroe, pero aún me acuerdo de la musiquita: “tu tu tututú, tu tu tututú”. Por supuesto, yo era muy mala en el juego, y mi hermano chico era seco.

Pero en esa época de Atari me gustaba más Pedro, el héroe de Monteczuma Revenge. Me caía bien sobre todo porque se llamaba Pedro, y entre tanto juego con palabras en inglés como que uno se sentía amigo de él. Hasta ahora, yo juraba que Pedro era un bombero. Con su traje rojo, una especie de casco, deslizándose por tubos, bajando escaleras, todo en una casa en llamas, ¿cómo no pensar que era un bombero?


Pues nada que ver. Me entero que era una especie de “Indiana Jones mexicano”. Claro, eso explica las calaveras, serpientes, los pasadizos… me siento estafada. No importa, en mi corazón siempre será un bombero. Aún me acuerdo que cuando saltaba sus pies hacían un sonido “¡paf!”…

(Aunque ahora que lo pienso bien, nunca lo vi apagar un incendio. Debería haberme imaginado que había algo raro con ese bombero).

Yo no sé si el creador de Montezuma’s Revenge tuvo después algo que ver con Nintendo, o si Nintendo lo raptó para sacarle ideas, pero yo creo que Mario, ese aún innombrado héroe de Donkey Kong, vendría siendo primo hermano de Pedro.

Como mis papás tuvieron que vender uno de sus órganos para comprar el Atari, cuando apareció el Nintendo nos hicieron la media tapa. Así pasé la primera etapa de Mario mirándolo en teles ajenas de amigos y conocidos, y jugándolo si me dejaban, porque claro, siendo mujer estaba al final de la cadena de jugadores.

Mario me cayó bien desde el primer momento. Aunque Luigi me gustaba más, siempre pensé que era muy genial que el protagonista fuera el bajito y rellenito y no el alto y delgado. Mentalidad oriental, supongo.

Cuando apareció el Mario 3 me encantó que Mario pudiera llevar una cola de mapache (no sé por qué, pero me parecía lindo. Además podía volar con la cola, ¿qué mejor?), y también me gustaba que las flores dieran el poder del fuego. Como niña, que una flor tuviera esa cualidad me parecía la combinación perfecta. En esa época no me importaban los conflictos de género estilo “claro, la princesa sólo grita auxilio y debe ser rescatada, qué machista”.

Finalmente, y luego de un largo lobby, llegó el Super Nintendo. Me acuerdo y me emociono. Y eso que técnicamente era un regalo para mi hermano.

Mario World ocupó largas horas de mi pre adolescencia, y adolescencia también, no recuerdo bien los años. Me acuerdo que había etapas que me hacían sufrir mucho y mi hermano me las pasaba. Obviamente mi impaciencia siempre me hacía dejar la cosa botada a la mitad. Sin duda era un juego de largo aliento, y yo estaba en una etapa donde quería las cosas de inmediato.

Pero sólo mirar a mi hermano jugar era divertido (insisto en que el experto era él). Lo que más me hacía alucinar era Yoshi, porque Mario ya no estaba solo en su tarea de salvar a Peach, y bueno, porque era lindo, qué tanto. Al principio aparecían todos juntos, de distintos colores y yo pensaba “¡qué chori sería tener un Yoshi!”. De hecho, estoy segura de que en algún carrete, media borracha, di jugo con que quería un Yoshi de mascota.


Por ñoñería snob yo llamaba a los personajes por sus nombres originales: la princesa era Peach, el honguito era Toad. Mis amigos me molestaban con que la princesa no se llamaba Peach, sino Bitch. Obviamente esas tonteras eran lo menos importantes para ellos. De hecho hace un tiempo fui a comprarme un llavero de un Mushroom, y cuando lo pedí la mina no cachó de qué le hablaba. Le expliqué la diferencia, que claro, a ella le dio lo mismo.

Vi a mi hermano destruir a Bowser en reiteradas ocasiones y aunque ganar siempre se disfruta, me daba un poquito de pena por Bowser, que era un malo “con carácter” y se había ganado mi respeto.

Cuando ya Mario World nos cansó vino Mario Kart, que era la raja porque te comprobaba que Mario y cía podían tener cualquier juego. Luego de probar varios jugadores me quedé con la Koopa, un personaje menor, pero que por su alta adherencia al suelo tenía un auto perfecto para un volante inestable como el mío. Le agarré harto cariño a la Koopa Troopa.

Comenzó la etapa de carretes y pololos, así que dejé de dedicarle mucho tiempo a jugar con mi hermano. Él buscó un reemplazante en mi mamá, que jugaba feliz y movía el joystick como si fuera un manubrio real. Nos reíamos mucho de ella.

Cuando el Super Nintendo pasó de moda yo estaba en otra. Mi hermano se pervirtió con juegos de PC: Nascar, Age of Empires, etc. y bueno, crecimos. Pero la verdad es que nunca me he olvidado de Mario. Mi hermano colecciona peluches de Mario (tiene dos Yoshis y a Bowser), yo sólo tengo un Mushroom pero cuando algo te marca tanto, siempre se queda contigo.

Hace un tiempo atrás vi un grupo de facebook que se llamaba “Yo también sacrifiqué a Yoshi para no caerme al vacío” y en serio me enojé. Yo era fiel, yo no abandonaba a Yoshi. Bueno, quizás lo hice alguna vez, pero queda claro porqué era tan mala en el juego.

Ahora mi casa hay un Wii. Es de mi pololo, pero él me quiere y lo dejó en mi casa. No tiene ningún juego de Mario eso sí: la gran inversión fue el Wii Fit (claramente mis prioridades han cambiado). Pero hace un par de semanas, para el cumpleaños de mi hermano, yo jugaba tenis y le decíamos a mi mamá que hay Mario Kart para Wii y que era genial porque ahora para manejar se movía el joystick como ella lo hacía en el Super Nintendo, cuando nos burlábamos de ella. Le dijimos que incluso había un manubrio Wii, tirándole la idea de comprarlo.

Ella se rió y nos dijo: “Ay, ustedes nunca se van a aburrir del Mario, ¿cierto?”.

Supongo que ustedes ya saben la respuesta. Feliz cumple Mario.

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