sábado, 28 de agosto de 2010

Lea: SANT


Dicen que las ciudades tienen distintas personalidades. Incluso existen tests estilo: "¿en qué ciudad deberías vivir?" donde, caracterizándose, una persona puede obtener tal reveladora información.

En la realidad, uno nace, crece y vive en la ciudad que le toca, obligado a adaptarse a las energías subterráneas del lugar. O por el contrario, a rebelarse si todo nos parece ajeno. Sea cual sea la alternativa, la personalidad de las ciudades es moldeada y modificada por las personas que viven en ellas. Sin embargo, la novela SANT, de la joven María José Navia parte de la premisa opuesta: cómo la ciudad hace de nosotros las personas que somos. SANT no es más ni menos que Santiago.

 Pero un Santiago visto por ojos atentos que nos enseñan la ciudad que pasamos por alto: las películas coleccionadas en el tiempo que deben revisarse diariamente; la música que se escucha, y que si deja de sonar mientras vamos por la calle nos deja en un vacío escalofriante; el paisaje que queremos retratar en un libro inexistente, bosquejado mil veces. Son esos detalles los que le dan real significado y sentido a la ciudad.

Como buena ciudad que se digne de sí, SANT es catalizadora, perturba, inspira, y por sobre todo detona acciones en quienes viven en ella: terminar una relación en la estamos atrapados, enfrascarse en una apuesta insoportable e imposible, escapar en un avión de los recuerdos que nos torturan. O bien, subirse a un globo aerostático vestido de viejito pascuero para cumplir un trabajo que literalmente produce sudor y mareos, pero alimenta la esperanza de doblarle la mano a un destino injusto.

La fauna de SANT es tan excepcional como común. Un grupo de personajes siempre relacionado, de una u otra forma, con el mundo de su escritora: intelectuales. Trabajando como guías turísticos, vendiendo helados o haciendo clases en la universidad, la intelectualidad se ve acá desde un punto simple y poco pretencioso: la reflexión, la observación pausada y las referencias a libros, canciones y películas atraviesan todo el libro y sus historias.

Las historias tampoco tienen mayores pretensiones, salvo dejar a los personajes ser. Son historias que no llevan a ninguna parte determinada, y por sobre todo, que no avanzan en busca de un final. Son historias transparentes que complotan contra la fábula de un desenlace complaciente, que nos regale certezas, porque a fin de cuentas la realidad no tiene "cierres definidos".

En SANT hay varias cosas que tienen aire a lugar común y que al toparse con ellas casi producen cierto pudor. Es gracioso eso de los lugares comunes. ¿Son cursis? ¿Son poco originales? Sí, como esas fotos vergonzosas de cuando éramos niños, todos los tenemos. Justos y necesarios, uno podría hacer su propio SANT con sus propios lugares comunes, incluyendo sus dilemas existenciales, canciones y recuerdos particulares.

Finalmente, SANT es un libro mutable, replicable. Porque en cada persona hay una ciudad y la ciudad es nada sin nosotros. Nota: El lanzamiento de Sant fue el 14 de julio. Yo me atrasé. Es que Santiago no da tregua. Tuve que leerlo de nuevo. El libro lo venden en varias librerías, pero por si acaso les dejo este link:

http://www.feriachilenadellibro.cl/index.php/sant.html

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