lunes, 3 de agosto de 2009

Woodstock en la voz de expertos

No todos sacan las mismas conclusiones sobre lo que fue el festival de Woodstock, pero queda claro que a nadie deja indiferente. Acá las opiniones de unos, en condición de expertos, y de otros que vivieron desde cerca este hito.

Tania Opazo y Francisco Ormazábal

CARLOS CORALES
Este guitarrista, que integró junto a su esposa Denise el grupo de rock psicodélico Aguaturbia, destaca la masividad, nunca antes vista, del festival de Woodstock, y la utopía que reflejan sus ideales.

“Woodstock fue una gran promoción para la música de esos momentos. Y no sólo para la música, sino para todo el estilo de vida que involucraba. Fue un hito porque logró reunir a tanta gente con tanta cobertura. Por primera vez se hacía algo así de grande y masivo.

Obviamente Jimi Hendrix hizo historia con su interpretación del himno de EE.UU. También Joe Cocker con su versión del tema de los Beatles. En ese momento eran todos artistas conocidos en EE.UU., porque no existía la idea de artista emergente que hay ahora. Fue aquí, en el tercer mundo, donde todos fueron revelaciones.

Más allá de la calidad de la música, la gran revelación fue la actitud que Woodstock representaba. De hecho, a muchos se les cortaron las cuerdas de la guitarra, o desafinaron, pero no importaba. La idea de fondo era oponerse a la guerra de Vietnam. No cambió nada de lo que iba a terminar pasando. Fue una utopía, el último evento musical que realmente siguió sus ideales. Prueba de eso es que al principio fue pagado, pero después ya no se pudo contener la gente.

Woodstock fue la última revolución no auspiciada de la historia; ahora, en cambio, todo es negocio, todo necesita auspicios. Hoy sería imposible recrear Woodstock sin auspiciadores, porque si no ese auspicia, no es rentable. Es lo mismo que pasaría si Jesucristo llegara a la tierra: se tendría que vender a Coca-Cola o a Pepsi”.


MIGUEL "NEGRO" PIÑERA
Ver a Santana fue la inspiración que necesitó este músico y empresario para dedicarse a la música. Siendo sólo un adolescente, Piñera asistió al festival de Woodstock y afirma que es un reflejo del poder de los jóvenes.

“Yo vivía en Nueva York en 1969, y nos arrancamos unos días del colegio con dos amigos. Fue una experiencia inolvidable, muy única. Vimos a Joe Cocker, Crosby, Stills & Nash, Jimi Hendrix, etc. Era la primera vez que había tantas bandas juntas a la vez. Pero la gran mayoría de los artistas de Woodstock ya venían consagrados y no hubo revelaciones muy grandes. Santana es probablemente el más importante de los que se mantienen hasta hoy. Y cuando lo vi, mi vida cambió para siempre. Me di cuenta de que me iba a dedicar a la música.

Woodstock fue un gran movimiento hippie revolucionario en oposición a la guerra de Vietnam. Era una época en que la juventud tenía mucho poder, el poder de la paz, el amor. Queríamos cambiar el mundo, queríamos lo imposible. Pero esto no partió en Woodstock, sino en Francia con las rebeliones estudiantiles. De ahí siguió con el flower power.

Muchas de las metas que se pretendía conseguir con Woodstock se lograron. La guerra de Vietnam terminó, los jóvenes fueron escuchados. En Woodstock había una causa, un estímulo más allá de lo económico, y todo eso marcó una época. Lógicamente el mundo cambia. Se perdió la esencia y la mística que representaba esa época y se reemplazaron por otros valores.

No hubo nada como Woodstock y nunca podrá volver a haber algo así”.

MARISOL GARCÍA
Esta periodista, especializada en el ámbito musical, pone énfasis en el valor cultural de Woodstock por sobre el evento artístico, dejando en evidencia para toda la sociedad la fuerza de una generación y su estilo de vida.

“Woodstock es un hito musical pero también social, y esos son los que finalmente pasan al registro cultural de lo generacional, aunque su real valor musical pueda no ser lo más significativo.

Para la historia de la música popular estadounidense hubo conciertos mucho más importantes que ése en términos de vanguardia, influencia y calidad. Creo que Woodstock fue un fenómeno sobre todo para quienes están fuera de la música. Los melómanos ya sabían que el rock puede contener comunidad, cambio social, identificación masiva, etc. Este festival le hace evidente al mundo adulto, al establishment, la potencia de esta nueva música joven y su estilo de vida asociado.

Woodstock además es importante porque fusiona la música con aspectos extra musicales, y es eso lo que importa a la hora de los balances culturales. Woodstock sólo le pone patente a algo que ya era poderoso y fuerte desde mucho antes.
Todo movimiento musical tiene un período de asentamiento y luego algún gran hito público que lo consagra y, por lo mismo, lo desvirtúa. Cuando se le pone patente de fenómeno a algo ya no tiene mayor frescura que aportar y de algún modo, Woodstock marca el fin del sueño hippie, por ser así de masivo.

Es una coronación y un epílogo, pero no es el principio de nada. De todas formas Woodstock debe haber sido asombroso, pero no un aporte significativo. Me atrevería a decir que ningún hippie se hizo más hippie luego de Woodstock”.

FERNANDO PURCELL
Para el profesor del Instituto de Historia de la UC, que se ha dedicado a estudiar la cultura de Estados Unidos, el festival de Woodstock no es realmente representativo de lo época de los 60, sino más bien un reflejo de la importancia de la música dentro de la cultura de masas.

FERNANDO PURCELL
Para el profesor del Instituto de Historia de la UC, que se ha dedicado a estudiar la cultura de Estados Unidos, el festival de Woodstock no es realmente representativo de lo época de los 60, sino más bien un reflejo de la importancia de la música dentro de la cultura de masas.

“Un fenómeno como Woodstock se da por el peso de la música dentro de una consolidada sociedad de masas. Eso lo explica en términos generales. A eso hay que añadir en términos más específicos el peso de una contracultura, que tuvo como grandes protagonistas a la juventud de la época, que vio en la música un medio de expresión de su descontento con lo que ocurría en el mundo y de sus anhelos de cambio.

Estados Unidos a fines de los años 60 vivió un momento controversial por los problemas de discriminación contra afroamericanos, los altos índices de pobreza que llevaron a Lyndon Johnson a lanzar su proyecto de la Great Society y el involucramiento cada vez más impopular en la Guerra de Vietnam. Todos estos procesos históricos contradecían muchos de los anhelos de jóvenes que a través de la música y junto a sus ídolos denunciaban lo que ocurría.

No hubo ni hay opiniones únicas sobre el festival. Para algunos fue entonces una expresión de rebeldía de jóvenes irreverentes, drogadictos, liberales en materia sexual y sin futuro. Sin embargo, la popularidad y cobertura mediática fue tal, que hizo reflexionar a la sociedad norteamericana en su conjunto, generando más simpatía que rechazo porque Woodstock no se caracterizó por la violencia ni la confrontación. Hoy se tiende a decir que es el reflejo de una época, pero eso supone que es lo suficientemente representativo del conjunto de la sociedad y la juventud de la época. Yo pienso que Woodstock no es representativo de los Estados Unidos de los años 60 sino una ventana para observar ciertos aspectos de esa sociedad que es mucho menos rupturista de lo que el común de la gente piensa.

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