sábado, 12 de junio de 2010

Sí, soy hombre y no veo el mundial!

Hoy más que nunca, en un Chile enfervorizado con el fútbol, no comportarse como hincha parece pecado capital. Pero estos hombres, parte de una minoría no tan pequeña, confiesan que La Roja no les quita el sueño, que no vieron ningún partido de las eliminatorias y que, aunque los tilden de raros, no tienen ninguna intención de ver el Mundial.

Por Tania Opazo [Publicado en pilaMAGAZINE el 12/06/2010]


Felipe Silva, 22 años, estudiante de Arte en la Universidad Católica
Nada de fútbol en el auditorio

A Felipe le gustaba hacer goles. Jugaba en las divisiones inferiores de Colo Colo, y todos lo felicitaban cuando hacía uno. Sin embargo, y sin que nadie lo sospechara, se aburría terriblemente: “Para mi papá era importante que practicara un deporte para tener un estilo de vida saludable. Pero a mí el fútbol no me provocaba nada”.

Algo que sí lo provocaba era grabar en su VHS los monitos de la tele, para después mirarlos y dibujarlos. Incluso vendía dibujos por encargo a sus compañeros. Dado su entusiasmo, a nadie le sorprendió que decidiera ser uno de los cuatro hombres, en promedio, que entran a estudiar Arte cada año.

Desde su perspectiva de artista, asegura que sólo una cosa puede interesarle de los partidos de fútbol: los comerciales. “Son geniales las emociones que transmiten, como que producen una catarsis”, dice. Aunque sus primos lo molestan por eso, Felipe piensa que el gusto por el fútbol es un asunto de roles: “Yo creo que les gusta el fútbol sólo porque son hombres. A mí no me gusta el fútbol, pero igual soy hombre, aunque no cumpla con el rol típico”.

Pero escaparse del Mundial no es fácil, ni siquiera para él. En su Facultad hubo una pugna por ocupar el auditorio donde Felipe hace una ayudantía, pues sus compañeros querían usarlo para ver el Mundial en pantalla grande. Tanto lo querían que incluso le hicieron una performance al profesor para convencerlo. Felipe fue claro al respecto: “me parece absurdo perder clases por un partido de fútbol, por muy Mundial que sea. Yo digo que no, sin culpa”.

¿Cuál fue el veredicto del decano? Que cada vez que juegue Chile las clases de suspenden. El profesor consoló a Felipe con que era mejor adherirse y no ir en contra de la corriente. “Es lo que hay”, dice él resignado. Y es que el Mundial está recién empezando.


Roberto Hernández, 41 años, dueño de la fábrica de estufas FOLYTHER
Calles Libres

Cuando La Roja está jugando y Chile se paraliza, Roberto aprovecha para salir a la calle a caminar. “Es el único momento cuando uno puede andar tranquilo y sin problemas”, dice riendo. Y es que, aunque se toma con relajo esto del Mundial, admite que sentirse un paria del fútbol es raro. Recuerda sus años de colegio, cuando sus compañeros jugaban y él era incapaz de encontrarle sentido a ese juego. “Mi relación con el fútbol simplemente nunca empezó, somos dos completos extraños”, dice.

Durante mucho tiempo, Roberto, actualmente un pequeño empresario, vivió en negación: “Me costó asumir el hecho de que no me gustaba el fútbol”, dice: “Veía al resto, tan apasionados, que creía que algo bueno debía que tener el asunto, sólo que yo no era capaz de verlo”. Pero sus intentos fueron inútiles, y tarde o temprano tuvo que aceptar que le era imposible apreciarlo.

Entonces vino lo realmente complicado: decirlo a viva voz. “La gente no entiende que a uno no le guste, y exige cierto comportamiento”, dice. Por eso, incluso ahora a veces participa de algunas actividades futboleras, por un tema de relaciones sociales, para no ser excluido de todo. Pero hacerlo por obligación no tiene, obviamente, ninguna diversión. “Es una lata no disfrutar de algo que todo el mundo disfruta”, concluye.

Roberto tiene claro que los suyos, como todos los empleados de Chile, querrán ver los partidos de Chile. Y aunque le molesta el nivel de obsesión que a veces puede tener la gente con el fútbol, dice que, en honor a la convivencia y a la idea de que un empleado feliz trabaja mejor, dejará que pongan una televisión. “Me cuesta entenderlo, nunca lo entenderé, pero quizás me asome y vea el pedazo de algún partido”, dice con resignación.


Raúl Lizama, 56 años, director del Colegio Pierre Teilhard de Chardin de La Florida
¿Depresión o psicosis colectiva?

Cuando chico, a Raúl le gustaba jugar ajedrez y a los vaqueros. Nunca al fútbol. Por eso cree que tuvo suerte cuando dice que jamás le afectó su condición de no futbolero. “He sabido por otras personas que no ser fan del fútbol era tema de burla. En mi caso no me preocupaba que ellos jugaran, y a ellos no les importaba que yo no participara”, dice.

A Raúl le sorprende que después de una agotadora semana de trabajo los profesores de su colegio prefieran ir a jugar a la pelota. Sin embargo, admite que ellos tampoco deben entender que él se junte con sus amigos a jugar cartas: “Deben pensar que somos como las viejas”, reflexiona.

Pese a no saber nada de fútbol, Raúl se aventura a analizar el fenómeno del Mundial, y predice incluso un posible escenario final: “Tomando en cuenta la historia y las estadísticas”, dice, “lo más probable es que no les vaya muy bien, y eso podría provocar una depresión colectiva nacional”. Ahora bien, ¿qué pasaría si, por el contrario, a la Selección le va bien en Sudáfrica? Nada optimista, Raúl dice que, en ese caso, “se desataría una psicosis”.

Pese a sus temores en torno a los resultados del Mundial, dice entender que a la gente le guste ver esas cosas. “Hay momentos que todos quieren ver: la apertura, el cierre y claro, los partidos de Chile”. Tras una pausa, continúa, esta vez como si fuera un experto: “Además, obviamente hay que ver los partidos de los equipos que afecten a Chile, porque es típico que dependen de los puntos, diferencias de goles, o alguna cosa así”.

Por eso, y para alivio de sus alumnos y profesores, afirma que dará las facilidades para que se vean los partidos en su colegio. Eso sí, siempre “dependiendo de las horas”.


Joshua Fuenzalida, 15 años, estudiante del Colegio Intercultural Tremenn de Maipú.
Mi mejor amigo no es el balón

Hasta los cinco años, Joshua no tenía problemas con el fútbol. Por eso jugaba habitualmente con su hermano quien, dice, “se creía Supercampeón”. Hasta que un día, peloteando los dos, sintió un dolor que nunca antes había sentido: era su pierna izquierda quebrándose por un certero pelotazo. El accidente no sólo lo dejó con un permanente miedo a jugar, sino que también perdió el interés en verlo: “Siento que me voy a quebrar otra cosa si juego, pero además me aburre. No le encuentro gracia a correr detrás de una pelota”.

Todo esto lo cuenta tras salir de clase de educación física en su colegio. Uno supondría que ahí se dedica a sacar la vuelta, pero no es así: a Joshua sí le gustan los otros deportes. Por ejemplo, hoy tocaba hándbol y juega sin quejarse, aunque lo de que verdad le gusta es el béisbol.

Joshua no ha visto ningún partido de Chile. Consultado por nombres de jugadores de la selección, sólo atina a nombrar a Sánchez, y luego, claro, a “Bam Bam” Zamorano. Aunque tiene tele en su pieza, dice que no tiene pensado ver partidos ahora (ni nunca), porque no es necesario ver tele para saber qué pasará en el Mundial: “total, igual cuando llego al colegio me entero”.

Confiesa que ahora último hizo un esfuerzo para entender la pasión de su hermano y sus compañeros, viendo un pedazo del partido de Chile con Israel. Pero las cosas no salieron como esperaba: “Como estaba todo con neblina, no se veía nada. Entonces dije ‘pucha qué fome’, y lo cambié”.

¿Y cuál es su plan por si transmiten algún partido cuando estén en clases? Escuchar música o hacer otra cosa, dice. Total, el Mundial no dura para siempre.

3 comentarios:

  1. Está bueno el artículo, generalmente, debido a un estigma cultural, se discrimina a los hombres que no loes gusta el fútbol con insultos de orden sexual... sin embargo, es muy válido.

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  2. Muchas gracias!! No por nada ningún medio 'grande' lo quiso publicar. Muy impopular, supongo. Jaja.

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  3. hola TO, bueno estaba esperando ver este artículo que por cierto quedó bastante bueno. Siempre es interesante leerte. Suerte con este nuevo proyecto, besos

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