domingo, 15 de noviembre de 2009

Glee: Música para el adolescente reprimido

De adolescentes, es muy probable que la idea de cantar y bailar sobre un escenario frente a nuestros compañeros de colegio nos produjera pánico y vergüenza. Pero también es seguro que vibramos silenciosos cuando escuchamos nuestra música favorita en el mp3; probablemente la cantaríamos, incluso bailaríamos, felices, en solitario.

Sobre esa pasión inevitable que nos provoca la música se trata GLEE, la nueva serie del creador de Nip/Tuck, Ryan Murphy. Ambas historias comparten el desafío de sacar a la luz un deseo escondido, vergonzoso, y que a veces nos supera: como en Nip/Tuck es el culto al cuerpo, el deseo de belleza física, en Glee el placer de la música y la emociones que transmite, batalla fuerzas con ese pudor terrible a exponernos frente a los otros.

El “Glee Club” (coro del colegio) es el espacio que un grupo de alumnos rechazados y un profesor de español soñador ocupan como trinchera para poner en crisis las “castas” sociales de la escuela. Porque no sólo se trata de cantar y bailar, sino de hacerlo con estilo, como si estuviéramos en Broadway, adaptando canciones de músicos tan disímiles y populares como Kanye West, Journey, Queen o Amy Winehouse.

Y así nadie puede resistirse. Ni siquiera los del equipo de fútbol o las porristas, porque incluso siendo una mezcla de varios clichés y fórmulas re sabidas, en Glee lo saben hacer bien: presentando personajes complejos –como la orientadora con síndrome obsesivo compulsivo por la limpieza– o tocando los temas típicos de un contexto adolescente con mucha ironía y sagacidad –como el embarazo adolescente, la eyaculación precoz y la homosexualidad.

El público quedó encantado con Glee porque le habla a ese artista soñador que todos llevamos, a esa fibra sensible dentro de cada uno que quiere vibrar con la vida, hacer con ella algo que le dé sentido, sin importar lo que piense el resto. Si al final Glee se trata de tener cojones para vivir y sentir, porque, admitámoslo, había que tener cojones para subirse arriba del escenario para cantar, bailar… hacer el ridículo, frente al colegio. Viendo Glee proyectamos al adolescente traumado que llevamos dentro, y de paso, nos divertimos como nunca.

(*) Texto original: taller de crítica, agosto 2009. Texto en la imagen: Taller de diario, noviembre 2009.

No hay comentarios:

Publicar un comentario