sábado, 30 de enero de 2010

LA FONDA PERMANENTE: POR SIEMPRE SALÚ

Este mes “La Popular”, la única fonda abierta todo el año, cumple un año de vida. No ha sido fácil: fueron clausurados y han tenido que itinerar por varios lugares, pero tienen tantos seguidores que ya están instalados en Santiago y Valpo. Sus dueños prometen que para marzo tendrán nueva casa y que lo que viene será aún más movido. Listos para posicionar el “sentimiento chorizo”, aseguran que son la mejor alternativa al reggaetón y a los reventones con vodka y ron. Están todos invitados.

Por Tania Opazo


SIGUIENDO A LA FIESTA
En La Popular siempre es Fiestas Patrias. Se las arreglan para vender chicha en enero, y ofrecer sánguche de pernil como si fueran completos italianos. El piso de madera está sucio y hay colgados algunos adornos tricolores en las paredes. No es septiembre, pero dentro de ella se siente como si lo fuera.

Es 16 de enero y La Popular cumple un año de vida. A la una de la mañana Eduardo López –creador de la única fonda permanente de Santiago– está sentado a la entrada de su ubicación actual: el Club Deportivo Comercio Atlético, en el barrio San Diego. Lleva un gorrito de cumpleaños. A lo lejos, cruzando el largo pasillo que lleva al local, se escucha una cueca. Deja el talonario –para las entradas– sobre una mesita. La gente entra.


- Buenas noches caballeros, ¿vienen al glorioso cumpleaños de la Fonda Permanente La Popular?
- Obvio, ¿podemos pasar?
- Sí, pero antes tengo que revisarlos. Si traen copete no puedo dejarlos entrar.
- Chuuu… ¿y qué hacemos con esto entonces? (sacando un botellón)
- Si quiere yo la guardo. Le pego un papelito con su nombre y se la devuelvo a la salida.
- Pero no te la tomai ¿verdad?

Como buen dueño de casa, Eduardo saluda a quienes llegan. Varios lo conocen: le preguntan cómo está, le conversan del grupo que va a tocar. Él cuenta –o trata de llevar la cuenta– de quienes entran: los cien primeros pasan gratis.

- ¿Cuántas personas esperan que lleguen?
- Unas 300.
- Pero el local es bien chico, ¿es físicamente posible?
- Yo soy actor, no matemático –aclara.

Este año ha sido un recorrido lleno de triunfos y fracasos, pero gratificante. Hace doce meses estaban instalados en el Sindicato de Trabajadores de la Construcción de la calle Serrano, pero fueron clausurados por la Municipalidad de Santiago tras cuatro partes por ruidos molestos, justo antes de fiestas patrias.


Pasaron por distintos locales e incluso llegaron a Valpo. Y aunque ser nómades no fue muy rentable, para Eduardo y el resto del equipo –la mayoría provenientes del teatro callejero– existía una sola preocupación: la fonda tenía que sobrevivir.

“Mucha gente dijo que la fonda estaba muerta. Pero estamos vivos: sin tener un espacio fijo, siendo sólo una fiesta, la gente nos sigue. Uno proporciona el lugar, la música, el concepto, pero la gente hace la fiesta”, dice Eduardo. Claro que este carrete popular ha tenido invitados bien especiales, como Guachupé, Banda Conmoción, Los Trukeros, y Daniel Muñoz y los 3x7 Veintiuna.

La Popular parece un carrete de casa. Conversas con todos: “Te instalas en un rincón, antes de que empiece la fiesta, y te tomas un pipeño; todo muy relajado”, dice Francisco, hermano de Eduardo.


Es como estar en un permanente Año nuevo/18 de septiembre: Bailar las cumbias que bailas con tus papás, o con tus primos, en las fiestas de fin de año; practicar los pasos de cueca que sólo se recuerdan para fiestas patrias; escuchar la música que escuchaban tus abuelos. En un lugar así, jóvenes y viejos pueden bailar Eres exquisita, de Los Ramblers, como si escucharan el hit del momento.

Y lo consiguieron sin proponérselo: en un principio los cerebros tras La PopularEduardo López, su hermano Francisco y Paulina Muñoz– sólo querían hacer una fiesta para juntar fondos para su compañía, Planeta Teatro. Y cuando se pusieron a planear lo que tendrían en ella, se dieron cuenta que su fiesta no era nada más, ni nada menos, que una fonda.


EL APAGÓN
La Popular quería rescatar lo tradicional, y no sólo de la comida o la música. Lo religioso, lo del campo, se hacía presente cuando se instalaba una Virgen de Lourdes en el centro de la pista de baile. “Era para los curados, para que ‘no se los llevara el diablo’ y nunca uno chocó con la virgen o se puso a pelear”, cuenta Eduardo.

La Virgen funcionaba y el verdadero alboroto vendría desde fuera. Quedan pocas semanas para fiestas patrias y en La Popular organizan un gran evento. Les está yendo bien, pero están estresados. Aunque pagan los partes que les pasan, el cierre es inminente.


Al final, pasó: es viernes y la gente baila, cuando de repente se corta la luz. La gente grita. Entran los carabineros como en un allanamiento de la tele. “Llevaban metralletas y unos cascos con linternas”, recuerda Eduardo. A lo más SWAT, irrumpen remeciendo a todos; les piden el dinero de la recaudación y le dicen a Eduardo que deben llevarlo detenido.

“¿Podemos prender la luz al menos? Esto parece película de miedo” dice Francisco, un poco en broma y un poco en serio. Pero en realidad parecía película de acción, o de persecuciones: mientras Eduardo arranca por los techos, uno de sus amigos sale con la plata, camuflado como público.

Luego de eso buscaron un nuevo local sin mucho éxito: “Es difícil encontrar un lugar con las características de la fonda, popular pero no flaite, con onda antigua, como de los años 30”, dice Eduardo. Estuvieron un tiempo en una discoteque en el mismo San Diego, pero a la gente no le gustó: “igual iban, pero en la puerta yo recibía reclamos. Algunos la bautizaron como la fonda Kmasú”.

Se fueron porque la idea es, precisamente, ser una alternativa a las discoteques, al reggaetón que lo inunda todo. Pero tampoco quieren restringirse a la versión de fiestas patrias que te enseñarían en el colegio: “Somos una picada, pero no tenemos una perspectiva purista de lo popular; el folclor nos pertenece a todos”. Por eso, temas como Yo soy el roto minero de los 3x7 Veintiuna, se entremezclan sin ningún pudor con Pícara, de la Sonora Malecón.

Luego de la fonda Kmasú, en noviembre, deciden probar suerte en Valparaíso. La primera fiesta es un fracaso: por la mala difusión de la banda, nadie llegó. Pero en el año nuevo ya estaban consolidados y llenaron el local: “tuvimos que echarle agua caliente a la gente para que se fuera”, bromea Eduardo. Hoy la fonda sigue funcionando en el puerto y abre todos los viernes.


Es en diciembre del año pasado cuando, buscando volver a Santiago, se instalaron en el Comercio Atlético, tradicional local fundado en 1932. Dicen que es algo temporal, pero esto no deja de ser curioso para los socios del Club. Están acostumbrados a los grupos de cueca y sus fiestas, pero no esperan ver interrumpidos sus juegos de cacho con sonoras y jóvenes. Por eso no es raro que, esta noche, un viejito curioso se asome en la entrada y pregunte:

- ¿Qué pasa hoy?
- El club no está abierto, hay una fiesta –dice Eduardo–.
- Ah. Buenas noches entonces.

“Es que si le digo que pase se va a aburrir”, justifica Eduardo.

Sin embargo aún quedan algunos socios dentro del local, y no planean irse. Una señora mira desde la cocina, y en una mesa arrinconada al lado de la barra, cuatro tipos se toman una picola. El más viejito agita las manos y desde su asiento, sin importarle lo que pasa a su alrededor, baila. No le importa que suene Rosa Rosa de Sandro, y que se pueda desarmar entre tanto baile: igual baila.


Hay otro que llama más la atención. Lleva una polera rosada, que evidencia aún más su guata, y mira de pié a las jóvenes que se pasean. Sonríe. Pasan cerca de él unas chicas con un melón con vino en la mano. Se les acerca y les baila, o trata de hacer algo parecido. Coquetea. Jotea.

- No can, no can spik. Too drikin.
- ¿Pero le gusta la fiesta?
- No.
- ¿Por qué?
(Mira al horizonte, perdido, y cambia de tema)
- ¿Sabes lo que necesito? Necesito una mujer como tú. (Beso en la mejilla incluido).

EL MIX
Esta mezcla de melodías, de estilos, de culturas y generaciones, es lo que hace tan fascinante a La Popular. Hoy tocan Rudy Garcés y Los del Ritmo, un grupo de comediantes que tocan canciones populares. También Hernán Paredes y su “Mariachi alma de México” , y la Sonora de Keka Galindo.

Lohengrin Paredes, hijo de Hernán, siempre viene a carretear a la fonda, pero hoy llega temprano a organizar el show. Los mariachis se colocan rápidamente sus trajes mexicanos dentro la van instalada en la calle y desde ahí entrarán tocando Las Mañanitas al local. No necesitan subir a un escenario, no necesitan micrófonos: el sonido de las trompetas se escucha fuerte aún cuando no han entrado.

Otros que esperan entusiastas su show, son los músicos de la Sonora Keka Galindo. “Son súper jóvenes, y desconocidos en el circuito, pero son prendidos, y quisimos darles una oportunidad”, explica Eduardo. Los jóvenes de Puente Alto también son una mezcla de estilos: “tenemos un punki bien loco, un gordito, un flaitecito, uno medio hippie, un pokemón… bien diverso”, dice entre risas Tomás, el Koñeñe, vocalista del grupo.



Afuera, una muchacha alta, delgada, de pelo castaño y con unos tacos imposibles paga su entrada entusiasta. Detrás de ella, entra otra chica, vestida con un estilo gótico. “El público es heterogéneo, pero si vienen es porque tienen en común: valoran el Chile tradicional y popular, que va del terremoto a la chela. Nosotros queremos que se unan en torno a eso”, comentan en la puerta.

Pero no sólo es un público variado en estilo, sino también en edad. “Nuestro público va desde los 18 años hasta los 40. A veces, cuando son eventos más piolas, algunos traen a los papás”, dice Eduardo. Por eso, creen que el público no necesita ser parecido, sino fiel. Porque la fonda mezcla sin censura todo lo que ellos sienten ‘popular’: “Tocamos cuecas y cumbias –nuevas y antiguas– tocamos boleros, rancheras... a la gente no le importa si está “bien” juntar esa música: sólo sabe que le gusta”, dice Adrián, el Dj Pituto, quien trabaja en La Popular desde que la fonda comenzó.


CRECER, PERO NO TANTO
Mucho ha pasado desde que la compañía Planeta Teatro organizó la Fonda. Pero hay cosas que no cambian: venden empanadas de pino, de queso y vegetarianas, pernil, terremotos, melón con vino, botellones, chicha. La entrada es barata ($2.500 en promedio) y la buena onda sobra.

Al comienzo no pensaban en un proyecto a largo plazo, pero hoy tienen la película clara: quieren que la fonda crezca, pero que no se desborde. Lo importante es que la gente siga sintiendo el espíritu popular y que se sigan sintiendo como en su casa. Esperan que todo salga bien, pero están más preparados para lo malo que para lo bueno: “hemos fracasado tantas veces, que una vez más…” dice Eduardo.

La promesa es grande: desde marzo estarían instalados en un lugar propio, finalmente. Estrenarán el cuatro con Chico Trujillo y esperan traer al grupo argentino Meta Guacha. Mientras tanto, seguirán funcionando en el Comercio Atlético (San Diego # 1130, esquina Av. Matta). En las próximas semanas tocarán la Sonora Keka Galindo, la Orquesta de la Memoria y Los porfiados de la cueca.



Ojalá que tengan éxito. Ojalá que haya fonda para rato.

Las entradas de preventa cuestan $2.000. Para conseguirlas se debe enviar un mail a planetateatro@gmail.com. La entrada entrada normal es a $3.000, y pueden enterarse de los eventos en su grupo de facebook. La Fonda Permanente se ubica desde marzo en Loreto #369, barrio bellavista.

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