miércoles, 3 de marzo de 2010

MI PRIMER TERREMOTO

El sábado en la madrugada Carlos Fernández, de quince años, sufrió su primer terremoto, el quinto más fuerte desde 1900, y en la playa de Matanzas escapó del maremoto que efectó a la costa centro-sur de Chile. Aprendió que, incluso viviendo en uno de los países más sísmicos del mundo, nada te prepara para vivir esa experiencia, y que sobrevivir no se trata sólo de arrancar, sino también de preocuparse por lo que pasa más allá de sus narices.

Por Tania Opazo



NO PUEDO CREERLO. ESTUVE A 10 METROS DE MORIR 8:48 PM Feb 27th

El fin de semana pasado Carlos Fernández vacacionaba con su familia en Matanzas, playa de la comuna de Navidad, sexta región. Un lugar pequeño y alejado, afectado por el terremoto tanto como todos los otros pueblos costeros. Pero ha pasado inadvertido; ni los medios ni las autoridades han puesto su atención en él. Quizás porque está muy alejado de la gran catástrofe o quizás porque pensarán que nada tan grave ha pasado allá.

¿Qué diferencia hace esto para Carlos? Ninguna. Cumplió 15 años este lunes, y este es el primer terremoto de su corta vida. En un país sísmico, donde los padres relatan a sus hijos las experiencias de catástrofes pasadas, y los colegios entrenan a sus alumnos con planes de evacuación (como la legendaria Operación Dayse, ahora llamada Operación Cooper), Carlos se sintió desvalido, porque ninguna formación previa podía prepararlo para ese momento.

Ese día sobrevivió a un terremoto y a un tsunami. Y lo hizo como muchos otros: anónimamente, incomunicado, confundido. En una aventura terrorífica, vio a muchos perderse entre las olas, que a diez metros de él se llevaron autos y casas sin piedad alguna, como siempre lo hace la naturaleza. Carlos compartió ese mismo día sábado, en la madrugada y luego en la noche de ese día, esa estremecedora experiencia a través de su cuenta @SkatCharlie,en Twitter. No sabía que llamaría la atención de muchos, ni que conmovería e impresionaría a todos.

Ahora está sentado, junto a muchos otros jóvenes, en el @SNsCafe de Santiago Centro. Se acomada en una mesa para contar su experiencia, para revisar y explicar las fotos del desastre, reflexionando entre largos silencios, de todo lo que pasó. Carlos nos contó su experiencia y acá reconstruimos su relato. La historia de su primer terremoto, uno que ni él, ni nadie en Chile, podrá olvidar.


AAAAAAAAA COMIENZA A SUBIR LA MAREA EN LA QUINTA REGION FUE RE FUERTEEEEEEEEEE 3:47 AM Feb 27th via web

“El jueves me fui a Matanzas con mi mamá, mi hermana, mi cuñado y uno de sus hermanos. Allá nos esperaban la mamá de mi cuñado, la tía Liuvi y su hija pequeña, que ya llevaban 20 días en la playa. Llegamos a las 11 de la noche y nos fuimos de inmediato a dormir.

El viernes fue un relajo total. Fuimos a almorzar al restorán que estaba cerca, y luego nos metimos en unos jacuzzis de madera que había en las cabañas que arrendábamos. En la noche hicimos –mi cuñado en realidad– un asado. Mi mamá se fue acostar con mi perro Fito, un poodle café, porque estaba roja, quemada por el sol, y muy adolorida. Mi tía Liuvi también se fue a la cama, y el resto nos quedamos jugando carioca y Nintendo Wii.

Nos fuimos a acostar a las 01.45; tomé un libro desde una repisa, El niño del Pijama de Rayas de John Boyne, aunque era segunda vez que lo leía. Estuve leyendo hasta que me quedé dormido, a las 2.30”.

ANTES DEL TERREMOTO, MI PERRO COMENZÓ A LADRAR. PENSÉ QUE ERA UN TERREMOTO, LUEGO DIJE, NO CREO... 9:31 PM Feb 27th via web

“Creo que me despertaron los gritos. Todos gritaban. Vi a todos en el pasillo y me lancé camarote abajo, caí en cuclillas, y sentí como se remecía la tierra. Decían “Tranquilos, tranquilos”, pero nadie estaba tranquilo. Gritaban y era desesperante. Casi todos dormíamos en el segundo piso, y la escalera era muy empinada; la cabaña se movía y crujía. Traté de agarrar a mi perro, pero fue imposible: patinaba en la madera y ladraba como loco. Bajé como pude la escalera.

Cuando terminó el terremoto, Jota prendió las luces y sonó como si todas las ampolletas se reventaran. Quedamos a oscuras y mi mamá se puso a llorar. Afuera el cielo estaba increíble: casi azul, con la luna llena, muy blanca, y las estrellas brillando intensamente.

Agarré mi computador altiro: aún tenía batería y conexión a Internet. Traté de buscar radios, pero estaban muertas. Twittié: “EN QUE RADIOS CHILENAS PUEDO ESCUCHAR ?????????????????? 3:53 AM Feb27”, pero nadie respondió. Por un momento pensé que sería un temblor más, que seguiríamos durmiendo. Le dije a mi cuñado que se asomara por la ventana a ver el mar. Me dijo que estaba tranquilo. No le creí.

Vi la información en la página de la USGS (United States Geological Survey). Quedé impresionado. Grité: “¡Cállense, cállense!”, y leí: “Epicentro: Concepción. Intensidad –ahí todos se quedaron muy callados, lo recuerdo– 8.5”. Ahí quedó el descalabro; se quedaron impactados, mirándose, preguntándose qué hacíamos. La tía Liuvi dijo: “Vamos, vámonos ahora”. Cerré mi notebook. Miré desde la ventana la zona de camping y vi cómo una camioneta salía rápido. Me asusté. Agarré al Fito, metimos unas frazadas y pan, y partimos todos juntos en el mismo auto”.

CUANDO NOSOTROS NOS FUIMOS, ALGUIEN GRITÓ, AHORA SE VAN LOS CUICOS. YO LE DIJE, SÚBASE CON NOSOTROS, PERO ERAN MUCHOS 10:07 PM Feb 27th via web

“La tía Liuvi decía que fuéramos a Navidad, porque allá tenía familiares. Pero cuando llegamos a la salida del camping había un tipo con una linterna que decía: “suban, suban, porque viene el mar”. Entonces José Miguel, mi cuñado, dobló a la derecha, en dirección opuesta al pueblo. Había una camioneta delante de nosotros, donde se subían diez, quince personas. La gente gritaba que se apuraran. Pasamos por el lado de ellos. La gente iba corriendo al lado de nosotros. Atrás, a diez metros, se veía el agua. Les decía: “¡apúrense, apúrense, que viene el mar!”. Todos decían lo mismo, pero yo iluminaba hacia atrás, con una linterna, y veía como el agua avanzaba. Algunos me hicieron caso, y a otros no los vi más, desaparecieron.

La segunda ola llegó cinco minutos después. Todo lo que yo había visto en National Geographic, donde decían que un tsunami venía 15 minutos después, era mentira. Ya estábamos en una placita, y la gente llegaba, gritando, preguntando por otras personas. Traté de conectarme desde el computador pero internet estaba muerto. De repente se me acercó una señora, de unos 70 años. Me preguntó dónde estaba el pueblo de Matanzas. Le indiqué con el dedo, y ella me respondió: ‘pero niñito, yo vengo de allá y sólo hay mar’. La miré, y asentí en silencio”.

NO PUEDO CREERLO DE VERDAD, EL TSUNAMI SE LLEVÓ GENTE, GENTE QUE YO VI, QUE LE DIJE: APÚRENSE!! 8:50 PM Feb 27th via web

“Comenzaron las réplicas, y la gente empezó a gritar; eso, más las alarmas de los autos, hacían un ruido terrible. Mi mamá es médico anestesista y trató de ayudar a algunas personas. Una joven embarazada llegó corriendo: estaba mojada hasta los muslos y sentía contracciones. A las 4.30 pude hablar con mi papá y decirle que estábamos bien. Le pasé mi celular a otras personas –era de los pocos que funcionaban– y me reconfortó escuchar que la gente podía decirle a sus seres queridos: “quédate tranquilo, estoy bien”.

Eran las 5.30 cuando los vecinos comenzaron a hacer una fogata. Uno de ellos acercó su auto y encendió la radio. Escuchamos: “No hay alerta de tsunami, quédense tranquilos, lo confirmó la Armada”. Pensamos entonces que no era un tsunami lo que habíamos vivido, sino que subía el mar no más. Ahora la luna había bajado, estaba naranja, y comenzó a llenarse todo de neblina”.

EN LA ZONA DE CAMPING DEL SECTOR, HABIA UN BOTE ¿QUÉ HACIA UN BOTE A MAS DE 40 METROS DEL MAR? 9:01 PM Feb 27th via web

“Le dije a mi mamá que bajáramos a buscar las cosas que, esperábamos, quedaran en la cabaña. Ya había rumores de saqueos, pero nos costó convencerla. Llegamos al camping y nos dijeron que entráramos el auto de cola, porque en cualquier momento teníamos que arrancar: el mar se estaba recogiendo de nuevo, nos explicaron. Miré hacia el restorán donde comimos el viernes: ¡no había nada! sólo los cimientos, unos palitos. El terreno era plano, y el local estaba a 150 metros del mar. Nuestras cabañas estaban a 40 metros del mar, pero por suerte, estaban en altura.

Metimos nuestras cosas al auto –recuperamos el auto de mi mamá, todo mojado– y lo que estaba en el refrigerador lo colocamos en una caja. Saqué algunas fotos –había una camioneta flotando en el mar– y volvió a temblar. Nos asustamos y salimos rápido. Mi tía Liuvi quiso pagarle al dueño de las cabañas, pero como no había tiempo le depositó la plata cuando llegamos a Santiago. Un campista le decía a la gente que se quedaran, porque ya no había peligro. Algunos le hicieron caso.

El mar pasó el puente, llegó al pueblo y alcanzó parte de los cerros; avanzó más de 150 metros por el estero en contra de la corriente. Era un terreno plano, una larga calle de cemento. Ahora sólo era barro. La tercera ola llegó cuando íbamos camino a Navidad, por un camino más largo, alejado de la costa. En una intersección alguien nos preguntó dónde íbamos; otro que escuchaba le respondió: ‘¿Qué importa dónde van? Si todos los caminos están cortados’ ”.

QUIEN LE DIO PERMISO A LA ARMADA Y A LA ONEMI PARA JUGAR A SER DIOSES?? 7:44 AM Feb 28th via web

“A las 11.30 nos instalamos en la casa de una prima de la tía Liuvi. Encima de su casa había un poste de la luz. Todo dentro de su casa se había caído, así que la ayudamos a recoger. Ellos habían escuchado la radio, y nuevamente la ONEMI dijo que no había tsunami. Me quedé en el living y bajamos algunas maletas y comida, pensando que tal vez tendríamos que quedarnos ahí. No había luz ni agua en el pueblo.

Una señora tocó la puerta como a las 14.30. Era una vecina y preguntó llorando por la señora Priscila, prima de tía Liuvi. Dijo que estaba en su casa haciendo empanadas cuando otra vecina pasó corriendo, diciendo que había alerta de tsunami, que la ONEMI dijo que evacuáramos, pero que los Carabineros no sabían nada.

Dijimos de inmediato: “Escapemos”. Desperté a mi hermana y mi cuñado. Nos demoramos media hora en salir, porque tapamos las ventanas de la casa. Partimos todos, éramos cuatro autos, porque las primas de tía Liuvi también nos siguieron. Una señora nos dijo antes de salir: “que son tontos, si esta hora ya habría llegado el mar”. Le respondí que no importaba, que nos íbamos a Santiago. Decidimos pasar por otro pueblo y de ahí partir a Santiago. Era un camino de tierra, por el que llegábamos a un cerro. Mucha gente de Navidad ya había arrancado y estaba ahí”.

ERA PEOR QUE EN LAS PELÍCULAS, NO SABÍAMOS PARA DONDE IR, NOS QUEDABA POCA AGUA, POCA BENCINA... CAMINOS CORTADOS, GENTE HERIDA 10:25 PM Feb 27th via web

“Estuvimos un rato en el cerro. Muchas otras familias se refugiaban por miedo a que el mar llegara a Navidad; yo calculo que entre la playa y el pueblo hay unos 200 o 250 metros. Luego nos fuimos a Santiago: el camino estaba dañado, casi imposible de transitar en algunas partes; nos demoramos el doble en llegar a la casa. Supimos entonces que la cuarta ola llegó a la entrada de Navidad, como a las 16.00 horas. Al menos eso dijo Víctor, el otro hermano de mi cuñado. No hemos sabido nada desde entonces, y las primas de mi tía Liuvi aún no vuelven para allá. No sé si quieran volver.

Apenas llegué a Santiago me puse a twittear lo que había pasado. Me sorprendió que tanta gente me siguiera. Si estaba la crema en Matanzas, pensé yo, quizás cómo estaría en Conce, quizás qué les iba a importar mi historia. Empecé a contar no más, no puse hashtag (#), ni le mandé twetts a alguien. Sólo escribí.

Parece que ahí empezaron a hacerme RT y la gente se enteró. Cuando me di cuenta que muchos se sorprendían de lo que decía le empecé a pedir a la gente que me leyeran: @SoledadOnetto SOLE, MIRA MI TIMELINE. POR FAVOR MIRALA 9:15 PM Feb
27th via web

Tenían que saber, así como yo supe, que la ola que se llevó Matanzas era un tsunami”.

"Infografía" de Charlie:


DE QUE ESTAN HABLANDO?? ESTUVE AHI, VI GENTE QUE SE LA LLEVÓ EL MAR, NO PUEDEN DECIRME QUE ESTOY MINTIENDO! 9:43 PM Feb 27th via web

“Yo había escuchado que un chileno vive en su vida al menos tres terremotos. Mi abuela vivió cuatro. Cada vez que temblaba, mi mamá nunca se preocupaba de más, me decía: ‘Quédate tranquilo, acuéstate’, y listo. Esta vez me tuvo que dar Ravotril para calmarme. Quedé todo atontado.

Siempre imaginé que en mi primer terremoto yo salía de mi casa y se caía, y que vería grietas en las calles. Todo chileno sabe que eventualmente le va a tocar un terremoto, y que tiene que estar tranquilo, pero en ese momento todo lo que te han enseñado se va a las pailas. Uno nunca va a estar preparado; nunca me habría imaginado que a una persona que iba al lado mío se lo iba a llevar una ola.

No sé si exageré las cosas en mi cabeza, pero cuando digo que estuve a diez metros de morir, de que me llevara el mar, eso es real. Mi mamá, que tiene más experiencia en terremotos, dice: ‘bueno, la vida sigue’; pero yo me arrepiento de no haber ayudado a la gente que venía atrás. Creo que me va a costar olvidarlo.

Aprendí que lo más importante no es sólo arrancar, sino ayudar a otras personas. Esa es la misión que queda ahora, no correr apenas pasa todo. A uno le da miedo lo que está pasando, pero hay que transmitir tranquilidad, informar a la gente. Las redes sociales han servido mucho para eso, a través de ella se hace un trabajo increíble”.

DEMOSTREMOS QUE ESTA LARGA Y ANGOSTA FAJA DE TIERRA VA A PONERSE DE PIE 2:07 PM Feb 28th via web

Carlos (Charlie, como le gusta que le digan), posa serio, triste, para una foto, y de inmediato vuelve al trabajo que se desarrolla en una gran mesa del@SNsCafe.Algunos twittean, otros mandan mensajes por Facebook; la idea es ordenar la información, corroborar los rumores, ayudar a las víctimas del terremoto a través de la web. Y Charlie, por su puesto, está en su salsa, feliz, participando entusiasmado.

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