lunes, 15 de junio de 2009

El Candidato que se salió del marco

Una larga batalla para conseguir un espacio en las presidenciales llevan a Marco Enríquez-Ominami a renunciar al Partido Socialista el 12 de junio. El niño rebelde de la Con-certación emprende vuelo solo, soñando con hacer un cambio en la política y llegar a La Moneda.



Cada cuatro años, los partidos políticos se sumergen en la rutinaria y excitante tarea de competir por el escaño presidencial. Mientras la derecha ha escogido nuevamente a Sebastián Piñera como su candidato para las elecciones de este año, el panorama en la Concertación es difuso y la idea de hacer primarias toma fuerza.
En el espíritu de la sana competencia y el debate, se levanta el nombre de Marco Enríquez-Ominami.

Chascón y con la corbata suelta, representa a un grupo que no tiene problemas en decir que la coalición de gobierno está desgastada y necesita una urgente renovación. Rechazando la idea de un candidato escogido “entre cuatro paredes”, el 4 de enero presenta su candidatura con el apoyo de quince concejales y cinco diputados.

Pero la respuesta vendrá rauda y seca desde las cúpulas. Se decide limitar las candidaturas a quienes sean proclamados desde cada partido. Aunque el radical José Antonio Gómez plantea que se debe fomentar la mayor participación, termina compitiendo en primarias con el candidato escogido por los otros tres partidos: el ex presidente Eduardo Frei.

Es un portazo en la cara que afecta también otras opciones, como las de Jorge Arrate y Alejandro Navarro. Los llamados “díscolos” acusan un cambio en las reglas con el fin de beneficiar a Frei y el hasta ahora aplicado militante socialista decide no dar pie atrás. La sangre tira, y lo recorre la rebeldía de su padre, el fundador del MIR Miguel Enríquez.

Marco Enríquez-Ominami lanza su candidatura por internet el 15 de enero, y llega a los seis mil adherentes en Facebook a fin de mes. Comienza una gira por ciudades como Copiapó, Rancagua y Talca, siendo las dos últimas los lugares donde se realizarán las primarias en abril. En su interior, un espíritu inquieto pugna contra la responsabilidad de su carrera política, y aún guarda esperanzas de encontrar alternativas para poder competir con Frei y Gómez.

Su decisión de continuar con sus ambiciones presidenciales molesta en la Concertación y comienzan a hacerse comentarios sobre “Marquito”. Ese niño que jugaba en el patio mientras ellos peleaban por volver a la democracia, ese Marquito. Simpático que quiera ser presidente, pero eso no es posible, es simplemente ridículo.

El asunto es que Marquito no tiene ninguna intención de detener esta “psicosis” en que se ha transformado su candidatura, y se niega a que sea solo testimonial. Va a la tele y le preguntan si se está inmolando. Se ríen cuando repite su discurso, aprendido de memoria: “no acepto ni reconozco dueño sobre mis sueños”. Tierno Marquito, sincero y sobre todo inocente, porque con sueños no se llega a La Moneda.

A Enríquez-Ominami lo recorre la adrenalina. Simplemente no para. El 7 de marzo hace el lanzamiento oficial de su campaña, estrenando sede y presentando a su equipo, entre los que están el economista Paul Fontaine y el empresario Max Marambio. Junto a su mujer, la animadora Karen Doggenweiler, insiste en que aún están disponibles para competir, pero que, de otra forma, los obligan a transformar la primera vuelta en primarias.

Como respuesta, recibe el 16 de marzo una carta de su partido en que se le solicita abstenerse de su postulación. Rechaza esta exigencia, aunque sigue negándose a renunciar, “mientras siga creyendo en el PS”, argumenta. El candidato, también director de cine, sabe que el show debe continuar, y bailando “Quiero ser libre”, al ritmo del grupo “La Noche” en un acto en La Calera, se divierte y sigue adelante, a pesar de la crisis con el PS.

Mientras, Gómez pierde en las primarias y, en un confuso altercado, Camilo Escalona (PS) acusa al radical de “quebrar la Concertación”. En la cámara, el PPD Antonio Leal increpa a Enríquez-Ominami su propuesta económica de privatizar el 5% de Codelco y, “en broma”, le da unos manotazos. Combos iban, combos venían, y las tensiones aumentan. Pero Marco está más preocupado de recolectar las 36 mil firmas que necesita para ser candidato, y que en su primera actividad reúne a un ritmo de 50 adherentes por hora.

El PS dice que no habrá sanciones, pero para el 15 de marzo, el “virus de la deslealtad” ha llegado muy lejos y los miembros del partido no podrán apoyar a otros presidenciables que no sea Frei. El díscolo acusa recibo del “ultimátum” y se lame las heridas. Con su discurso acelerado, dispara contra un Frei que se parece “cada vez más” a Piñera.

Los dirigentes tienen miedo. El 2 de junio la encuesta IPSOS, que le había dado un 5,3% de adhesión en abril, le da un 22,8%, sólo 3,2 puntos debajo de Frei. Algunos, como Fulvio Rossi (DC), plantean una primaria refundacional, y Pepe Auth, presidente del PPD, se reúne con el díscolo. Recibe el apoyo de su padre adoptivo, el senador también socialista Carlos Ominami, del movimiento regionalista y de los ex miembros de ChilePrimero.

Pero ante las acusaciones de un fraude en su recolección de firmas, Marco toma la dura decisión. El 12 de junio, día de su cumpleaños número 36, renuncia al Partido Socia-lista. No lo hace con alegría. Su rostro se ve triste aunque sonríe frente a las cámaras. El niño que jugaba en el patio corta el cordón umbilical para irse de una casa en que no lo dejaron ser más. Su ánimo inconformista y rebelde gana la batalla, y Enríquez Ominami se desmarca del PS. Ahora, él cree que “es la gente la que decidirá su destino”.

* Hasta ahí llegaba mi historia en junio de 2009 y el resto, ustedes ya lo saben. Fue divertido hacer este texto, y no sé qué pasará con MEO ahora, pero yo creo que tiene cuerda pa rato.

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