viernes, 12 de febrero de 2010

BEYONCÉ A MORIR (Finalista PPE 2010)

A días de que la cantante norteamericana llegue a Chile con su tour I am Sasha Fierce, Andrea Nogueira, el transformista que la imita, se emociona hablando de su ídola. Está juntando la plata para ir al concierto, y espera conseguirla a tiempo. Mientras, recuerda el largo camino que ha recorrido para decir, con total certeza, que él es el doble número uno de Beyoncé en Chile.

Por Tania Opazo - Zona de Contacto



BABY BOY
El tío mira la tele concentrado. El sobrino, curioso, mira al tío. Ahora ambos, sobrino y tío, miran la tele concentrados. En la tele, un video musical: Single Ladies, de Beyoncé. El tío, de pie, escucha la música que sale desde la pantalla y comienza a bailar. Sigue los movimientos y los copia como si fuera un espejo: él es Beyoncé.

¡Miren! ¡El tío baila igual que en la tele! – grita el sobrino. “¡Qué lata!”, piensa el tío.

Es Andrea Nogueira (30). “La Nogueira”, como le dicen en la discoteque Fausto. Hace nueve años que trabaja como transformista a tiempo completo, interpretando a personajes como Shakira, Alanis Morissette, Tina Turner… y Beyoncé.

“La Beyoncé es mía”, ríe. Aunque hay otros transformistas más que la imitan –según sus cálculos, unos cinco– él fue el primero en hacerla. Es la experta; o el experto, según como se le quiera ver.



Tras aquel grito del sobrino, el tío decide no bailar más en la casa. Pese a eso, dice que su familia lo apoya y lo aceptan como es. Incluso han visto videos suyos, y les gusta lo que hace. Incluso, agrega, su mamá fue a verlo al show una vez: “Se sentía extraña por el ambiente, pero igual le encantó”.

Al comienzo, luego de que vieran unas fotos suyas vestido de mujer, él decidió irse de la casa. “No dijeron nada, así que me dio cosa y desaparecí por un tiempo”. Dice que nunca lo hablaron, pero que ellos lo saben y no les complica: “Me fui en realidad porque a mí me complicaba todo, pero desde que volví soy el más regalón”, agrega satisfecho, y dando por cerrado el tema familia en esta conversación.


INDEPENDENT WOMAN
La puerta que separa la discoteque Fausto del resto del mundo parece sacada de un castillo. Negra e imponente, tiene una mirilla por la que en cualquier momento podría asomarse un mayordomo tétrico a preguntarte a quién buscas. Sin embargo, quien abre la puerta es Maureen Junnot, anfitrión de la disco y doble oficial de Patricia Manterola.

Él, que conoce el lugar de memoria, pide que lo sigan en la oscuridad. Pero para quien nunca ha entrado a Fausto, y no sabe de sus laberintos, es un momento angustiante: ante el miedo de golpearte con algo o caerte, estás obligado a tantear las paredes y a prender el celular tratando de iluminar el camino. Finalmente, se ve una luz que llega hasta el camarín.

Andrea, con su sonrisa gigante, y su cara de cabro chico, se mira en el espejo. Unos lockers numerados están a su lado, y en la pared opuesta hay colgadas unas pelucas. En la mesa, una bebida Crush, maquillajes varios, un cepillo y un colonia de coco, que él se apresura en aclarar que no es su propiedad.



También deja claro, desde el comienzo, que su nombre es Andrea; sólo Andrea. Su rostro ya está maquillado –se demora una hora en ese proceso– y tiene una panty en la cabeza para que después la peluca no se mueva. Prende un cigarro y cruza las piernas coquetamente, pero todo lo demás en él sigue siendo masculino: lleva una polera amarilla, manchada, unos short y zapatillas.

Entonces, comienza a aparecer Beyoncé, como apoderándose de su cuerpo. Se coloca una malla negra y tacos –es el look de Single Ladies– que vienen además con un par de pechugas. Sus piernas, depiladas, son largas y musculosas. Sólo queda de él la panty en la cabeza.

Se ve regia, ¿cierto? –dice Maureen– Es guapísima, y son pocas las que bailan bien y son bonitas, porque generalmente Dios no les da de todo a todas – agrega. “Siiii” – le apoyan unos bailarines novatos.


“Si yo siempre le he dicho que es súper buena”, agrega uno de ellos, delgado, con peinado a lo Mauricio Pinilla. Tiene una voz femenina, tan aguda y tan suave, que apenas se le escucha. “Yo también se lo digo, porque la conozco desde chiquitita, cuando aún tenía cejas”, agrega Maureen, entre risas, y soplando su chasquilla.

Mientras, Andrea se coloca su peluca: primero una más pequeña, para hacerse el jopo, y luego la más larga encima. Un proceso complicado al que está acostumbrado y que realiza con la cotidianidad con que uno se lava los dientes. Ahora sí es una mujer, quizás un poco más maciza que lo habitual, pero podría engañarte fácilmente si lo ves en la calle.

Cada noche, Andrea llega a su casa aproximadamente a las 4.30 de la madrugada. Se demora casi una hora desde la discoteque, ubicada en Providencia, hasta su casa en Pudahuel. Despierta como a las 12.30 y lo primero que hace es lavar sus pelucas: “Las pongo en bálsamo, luego las peino y las plancho”. Después ordena su ropa, almuerza, se ducha y se va al ensayo, que comienza a las seis de la tarde.


Son las diez de la noche, y sale un rato a la calle para “tomar aire”. Sentado en una mesita del Pronto Copec de la esquina, fuma; ahora está vestido de hombre, y sólo un ojo agudo haría la asociación entre ese chico tímido de jockey y la diva maquillada de hace una hora atrás. A su lado Katiuska Molotov, otro de los transformistas, se come un completo.

Andrea habla del concierto de Beyoncé en Las Vegas, el mismo show que hará el domingo en Chile: “Sí, es increíble, a morir, lo he visto un montón de veces”, cuenta. Dice que quiere ir al VIP de su concierto y que está “haciendo las gestiones”: eso significa que ya tiene juntados $100 mil y espera que el jefe la ayude con los $60 mil que le faltan (aprovecha de pasar aviso, tratando de persuadirlo).

“Estoy nervioso, no me quiero desmayar, porque así no veo nada”, dice, como si fuera él mismo quien va a actuar el domingo. Quedan 4 horas para su show en la Fausto, así que se pone de pie para volver a la disco. Pero antes, y como una diva que debe retirarse con una frase inolvidable, se da vuelta y dice: “Te espero en el show entonces”. Entonces sonríe y desaparece en la oscuridad.

NAUGHTY GIRL
Teatro Cariola. Miss Fausto 2001. Arriba del escenario, Diana Groissman, doble oficial de Madonna en Chile, realiza su show. Andrea, en ese entonces corista, se equivoca en un paso. “Era uno de esos momentos en que no te puedes equivocar”, recuerda Maureen. Diana trata de sacarlo del escenario, pero él sigue, trata.

- ¿Por qué me fallaste ahora? – le pregunta Diana, indignada, cuando el show termina.

“Me dio rabia, y yo digo las cosas como son”, explica Diana ahora, años más tarde. Tanta rabia le dio, que en ese momento pensó que no la quería nunca más como corista. Sin embargo, muchas “chicas” han pasado por el cuerpo de baile de Madonna, y sólo Andrea sigue hasta hoy. “¿Qué iba a hacer pues, niña? Me bajé y me retaron, porque claro, era su show. Fue divertido igual”, recuerda Andrea.



Maureen agrega: “Yo creo que si la Andrea estuviera haciendo un show en un teatro, y la que está bailando al lado suyo se equivoca, dejaría la grande también”. Todos ríen, pero concuerdan en que Andrea es tranquila, relajada: “Es volada no más y de repente eso saca de quicio. Uno le dice: “Andrea, me preguntaste eso no sé cuántas veces, no me volvai a preguntar”. No sé si tiene alzheimer o qué”, dice Diana.

El comienzo de Andrea como transformista no fue auspicioso. Participó en Miss Fausto el año 2000; con su traje típico, traje de baño, traje de noche… pero no pasó de las veinte finalistas. Siguió insistiendo y llegó a la disco para bailar en un team. “Era como una Generación 2000. Salía un ratito y bailaba una canción, luego acompañaba en los temas de los demás”, dice.

Damián Sánchez, el coreógrafo de Fausto, explica que la gran habilidad de Andrea está en que sabe interpretar: “No sólo es súper buena para bailar las coreografías, sino que ejecuta todo de forma que llega al público. Copia a la perfección los movimientos de la artista, sus gestos. Todo eso es talento propio, no lo ensaya conmigo”. Andrea se mira al espejo. Se coloca un guante como el de Single Ladies, pero que hizo ella misma, cosiendo pedazos de latas de cerveza. Mueve la mano una y otra vez, haciendo “caras de Beyoncé”.


Afuera, en el escenario, el chico de voz finita y Damián ensayan la coreografía de Single Ladies: serán los coristas de Andrea. Katiuska, la animadora del show, está sentada frente a ellos; es grande, muy grande, y tiene las orejas llenas de aros; cuando hablan de Fausto como una familia, lo describen como “la mamá”. Dice que si Andrea se preocupara más del show, su presentación sería más perfecta: “Es que siempre tiene quehaceres en su casa, le falta tiempo”, explica, sin decir cuáles son esos quehaceres.

Comienza el show, y Katiuska lleva un vestido verde igual al de la Pequeña Gigante: “Ando buscando a mi Tío Escafandra”, dice. El público ríe, algunos le gritan cosas –nada teatrales ni nada infantiles– y ella responde desafiante: “¡Uuuuy, a éste le gusta más que a mí!”. Luego viene Shania Twain, con un vestido celeste que se mueve con el viento de un ventilador, Patricia Manterola, con su cabello azabache al viento, y concursos que incluyen plátanos y tiritones.

Entonces, Andrea está lista para subir al escenario.

BOOTYLICIOUS
“Me subo arriba del escenario y me pongo en posición de Beyoncé. Empiezan a encenderse las luces y escucho la música: “All the single ladies, all the single ladies”. Me empiezo a mover y la gente “¡Waaaaaaa!”; atrás, en las teles, estan dando el video, entonces van comparando y qué rico ver que a todos les gusta. Pienso: “Ya, a morir, a morir, y a hacerlo con todo”.

Así recuerda Andrea la primera vez que hizo de Beyoncé. Había ensayado una semana a full, cuatro horas al día como mínimo, para aprenderse la coreografía y hacerla perfecta: “Single Ladies es la última que me aprendí. Me gusta mucho y me costó harto aprendérmela”. En un sábado normal, entre 150 y 200 personas la miran bailar en Fausto, y siempre siente un dolorcito en la guata antes de subir al escenario. “Es que un artista sin nervios no es artista, pero cuando se prenden las luces se te olvida todo”, dice.

Beyoncé es su artista favorita. Le dio lata cuando Destiny’s Child se separó, pero como fiel fan la siguió en su carrera solista: le encantó su actuación en Austin Powers –la presentó en un show– y ha mandado a hacer al menos 6 trajes distintos de la artista (de Bootylicious tiene el celeste y el rosado, dice). Mira sus videos mil veces, y se aprende las letras de las canciones. Doblar apropiadamente las canciones, aunque nadie vaya a escucharla, es una de las ventajas de Andrea.



Pero es la potencia que Beyoncé despliega en el escanario lo más importante para Andrea: “ella es tan fuerte y esa personalidad trato de hacerla mía”, dice. Por eso, no extraña que cause admiración en el medio. Aunque asegura que no califica como fan club, sí tiene un público fiel que la va a ver cuando actúa, ya sea en Fausto o en otras discos.

- ¿Y te han tirado flores?
- Un par… y escupos también (risas).
- ¿Alguien especial te viene a ver?
- No, nadie “especial” (silencio).
- ¿Qué crees que piensan tus ex parejas ahora que te ven como Beyoncé?
- Ahí deben estar, revolcándose (risas).

El tema la complica, porque ha sufrido. Es que Andrea no quiere que se enamoren de Beyoncé: “Muchas veces se enganchan con el personaje, pero yo no soy el personaje. Eso siempre le pasa a los artistas famosos, aunque claro, yo no soy famosa”, dice riendo


Beyoncé es un ejemplo, explica Andrea, porque es una artista equilibrada “Tiene una vida estable con Jay-Z, es centrada y muy perfeccionista. Ahora ella es la verdadera reina del pop, y tiene para rato, porque Britney se metió en la droga y se fue pa abajo. Beyoncé está en contra de eso”, dice, esta vez seria. Por eso Andrea se cuida, porque sabe que la noche “puede destruirte”.

El show ha terminado y ha sido todo un éxito. En la intersección de las dos grandes escaleras de Fausto –que tienen detalles dorados y parecen sacadas de una mansión–, Andrea comparte con varias personas. Sale siempre a pasearse después del show, y aunque generalmente lo hace vestido de hombre, hoy sigue de Beyoncé. Tal vez sea para sentirse más cerca de lo que siente su ídola; toma un trago, y muchos hombres la rodean, la saludan de beso y la felicitan.

- ¿Qué le dirías a Beyoncé si pudieras hablarle?
- Le daría las gracias por su trabajo, como todo fan no más.

Pero Andrea no es sólo una fan más. La Casi-Beyoncé está más cerca de ser su ídola que de sólo seguirla. Por eso, en este pequeño y exclusivo espacio, ella es la fan con más fans, y se deja querer, sonriendo como una diva. Y por un momento, como cada noche, deja también de ser Andrea: ahora es Beyoncé a morir.

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