lunes, 25 de mayo de 2009

Un fútbol descarrilado


A casi siete décadas de su construcción, el histórico estadio San Eugenio sobrevive a duras pena al olvido. La posibilidad de una remodelación lo hace soñar con volver a ser, no sólo un espacio de recreación, sino el centro de un barrio construyó en él su identidad.

“ESTADIO SAN… CLUB DEPO… FERROVIARIOS… EFE”. Sólo eso alcanza a leerse en lo que queda del cartel que da la bienvenida al estadio San Eugenio. Es el hogar del equipo de fútbol Ferroviarios, nacido en 1916 y que ahora está en Tercera División. Fue el centro de un barrio lleno de movimiento, lugar de encuentro para las familias, sitio de recreación para niños y adultos. Pero hoy está en el olvido y apenas sostiene tanta historia.

Ubicado en la comuna de Estación Central, tuvo su época de gloria entre las décadas del 30 y el 50. Desde la dañada cancha, se ven, a lo lejos, los vagones de tren que financiaban su cuidado; ahí estaba la maestranza y la casa de máquinas, centro del movimiento de Ferrocarriles. Eran los años en que el equipo jugaba en primera división, el tiempo en que perdía 8-0 frente a Colo Colo, en 1934, y descendía a la División Amateur; luego, unidos con Badmiton, años más tarde, volvía a Primera, para perder 9-3 con Palestino en 1955.

Pero todo eso no importaba. Este era un equipo de barrio y la adhesión iba más allá de sus resultados. Celestino Opazo, de 84 años, trabajaba en ferrocarriles, como todos en su familia, y hoy recuerda: “Aunque te gustaran otros equipos, siempre querías que ‘el Ferro’ ganara”. Iban los fines de semana al estadio, y todos hacían deporte. La empresa organizaba campeonatos internos y el club crecía. Para 1959 existían equipos de hockey, atletismo, basquetbol, boxeo y natación. Eran 14.000 orgullosos socios inscritos.

Aún se juntan algunos. José Becerra, cuidador del estadio desde hace trece años, corta el pasto y limpia los camarines. Se pone su jockey desgastado y observa la piscina que hace siete años no se ocupa: “Se ahogó alguien y no la llenaron más”. Pero cuenta que los socios llegan igual: “El año pasado, cuando estaba la televisión, venían sus doscientas o seiscientas personas, pero ahora ha bajado”. La televisión es el Canal del Fútbol, que el año pasado, con la productora de Marcelo Salas, grababan “Ferro de Corazón”, imitación del programa de Fox Sports “Atlas, la otra pasión”, que seguía al equipo de argentino “Atlas” de primera D.

Porque la barra es lo más importante del ‘Ferro’, dice en su jerga futbolera David Rubio, central del equipo Ferroviarios, equipo que está en el quinto lugar de su grupo en la tercera división B: “Esta es una barra de abuelitos, que tiene mucha tradición y pasión”. Cada partido sale a la cancha y debe saludar personalmente a sus fieles y experimentados hinchas, llenos de consejos, e incondicionales al equipo.

El teatro de los sueños

Su nombre original es Estadio Ferroviario “Hugo Arqueros Rodríguez”. Fue inaugurado como centro deportivo en 1941 dentro de terrenos de la maestranza, a un costado de la población El Riel. Quienes lo vieron en sus mejores años lo recuerdan inmenso; sus graderías, construidas de durmientes, tenían una capacidad para 31.000 espectadores. Junto a la piscina había un casino y un gimnasio para boxeo.Era un estadio importante, no por nada Brasil entrenaba ahí durante el mundial de 1962

En los años 80 la dictadura desmanteló paulatinamente a EFE, y en consecuencia al estadio. Luego de varios incendios entre los años 1981 y 1985 su capacidad se redujo a 1200 personas, pero las maderas roídas y frágiles de sus galerías no parecen hoy soportar ese número. Con el escaso apoyo de EFE y una mínima subvención de ChileDeportes, el financiamiento del club no supera los $145.000 mensuales y sólo hay inscritos 165 socios.


El panorama es adverso, pero luego del mensaje presidencial de este 21 de mayo en algunos ha revivido la esperanza. Piensan que el estadio podría ser remodelado y sienten que se lo merece. Otros, como el entrenador de Ferroviarios, Francisco Sáez, ve esta posibilidad lejana: “Tengo entendido que ya se mandó una carta a la presidenta, pero al parecer no ha habido respuesta. Parece que no es un estadio que esté dentro de sus planes. Debe ser por la ubicación, porque Ferroviarios está en tercera, o hay estadios más importantes”, dice en un tono molesto y desganado.

Paseando una carretilla con escombros, don José no sabe si este sueño se cumpla, pero no hay duda que le gustaría: “El estadio no da para más, aquí es peligroso si llega más gente. Ojala, Dios quiera, nos tocara a nosotros”.


David, subiéndose al bus que los lleva a su partido en Puente Alto, dice que se conforma con jugar, aunque no dé para vivir. Lo hace por “amor al arte”, y asegura que si se está feliz en la cancha, la plata da igual. Italo Bustos, capitán del equipo, cuenta entre risas que al estadio le llaman el ‘Teatro de los Sueños’; “como el del Manchester”, explica, para despedirse diciendo: “este club no puede desaparecer, el estadio debe tener el prestigio que tiene la institución”.

En septiembre de 2007 el Consejo de Monumentos declaró zona típica el conjunto de edificios de la maestranza, y el nuevo plan regulador de la comuna declara a la población El Riel como zona de conservación histórica. Pero EFE, cuya administración es cuestionada desde el año 2005, ha puesto a la venta los terrenos de la maestranza, y la inmobiliaria encargada estaría planeando urbanizarlos. La contradicción es evidente. Mientras, don José sigue repitiendo con gran convicción: “Aquí estamos en esto, luchando. Hay que seguir luchando”. Eso es lo que hacen.

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