martes, 4 de agosto de 2009

40 Aniversario: El pedregoso camino para llegar a Woodstock

Cuatro jóvenes que no sobrepasaban los 26 años tuvieron la idea de hacer, más que un concierto, un evento que uniera a los jóvenes bajo los ideales de la paz y el amor. Woodstock tuvo que convencer a los músicos, cambiar de locación y superar los prejuicios de la sociedad antes de transformarse en un hito cultural sin precedentes.




Habrá sido la marihuana que fumaban, o simplemente el ingenio de estos dos productores musicales, pero una noche Michael Lang (24) y Artie Kornfield (25), conversando sobre la vida y la música, tuvieron una gran idea: construir un estudio de grabación en los bosques de un pueblo llamado Woodstock, donde vivían artistas como Bob Dylan, Jimi Hendrix y Janis Joplin, quienes habían emigrado en busca de un estilo de vida más “natural”.

Pero lo que vino después fue muy distinto a lo que habían imaginado, e irónicamente, no involucró de forma directa a Woodstock. Buscando financiamiento llegaron a John Roberts (26) y Joel Rosenman (24), unos jóvenes inversionistas –“yuppies”, diría Lang– con quienes tuvieron su segunda epifanía: hacer un concierto, el más grande visto, y con las ganancias, financiar el estudio.

Los cuatro formaron, a comienzos de 1969, Woodstock Ventures Inc. y así comenzó un proyecto que cobró vida propia, sorteando numerosas dificultades: el Festival de Woodstock. Con el eslogan, “Tres días de paz y música” y el afiche de un pájaro sobre una guitarra creado por el artista Arnold Skolnick, el festival se presentó al mundo en abril, a través de revistas como Village Voice y Rolling Stone.

El primer desafío era encontrar un lugar para realizar el evento. Arrendaron un terreno industrial del condado Walkill, cercano a Woodstock, en el Ulster County. Aunque no cumplía con el ambiente “natural” propuesto, era del tamaño necesario para las 50 mil a 100 mil de personas que esperaban congregar. Pero de inmediato la comunidad de la zona se manifestó en contra de estos hippies y sus fiestas.


Mientras eso ocurría, los otros preparativos seguían avanzando, aunque una nueva dificultad se vislumbraba. Los músicos estaban escépticos a firmar con una compañía desconocida, por lo que el equipo se vio obligado a hacer una jugada arriesgada. Le ofrecieron a cada artista un pago cercano al doble de las cifras que se manejaban en la época. Así The Who, que fue la banda mejor pagada, recibió US$12.500 cuando generalmente ganaban US$6000. Finalmente, la compañía logró tentar a alrededor de 30 bandas y solistas, la mayoría muy populares en la escena de vanguardia.

Tenían la música, pero todavía faltaba un elemento esencial: el sistema de audio para el concierto. “Nunca se había hecho un concierto con 50 mil, eso era increíble. Ahora 100 mil, eso era imposible”, contó el ingeniero Alan Markoff en el documental de Michael Wadleigh. A pesar de creer que Lang, Kronfield, Roberts y Rosenman estaban locos, Markoff los ayudó con los equipos. Según él, un sistema de sonido como el utilizado en Woodstock equivalía a uno para 30 millones de espectadores hoy en día.

El 15 de julio del ’69 los jóvenes organizadores debieron sortear el último y el más importante obstáculo. La comunidad de Walkill, que se oponía desde el comienzo al evento, consiguió que el departamento de zonificación prohibiera su realización en ese sitio. A un mes del concierto, no tenían lugar donde hacer el festival.
Fue Sam Yasgur, el joven hijo de un grajero, quien salvó el proyecto de Woodstock: convenció a su padre de prestar los terrenos de la familia en Sullivan County.

El 15, 16 y 17 de agosto se llevó a cabo el festival, que fue un éxito de concurrencia: se habla de alrededor de 400 mil personas, muchísimo más de lo que la organización esperaba.

Aunque quedaron felices con los resultados, financieramente el evento fue un desastre para Lang y compañía. Les faltó tiempo para enrejar todo el lugar y Woodstock se transformó forzosamente en un evento gratuito. Pero el mensaje de amor y paz que se entregó durante esos tres días fue conocido por todos gracias al documental de Michael Wadleigh y editado por Martin Scorsese. Gracias al éxito y las ganancias que vinieron de éste, Woodstock Ventures Inc. logró salvar el negocio que permitió que hoy se cumplan 40 años de este ícono del movimiento hippie.

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